lunes, 3 de septiembre de 2012

Mi Chari



Cuando yo niño tenía un hermano y tres hermanas, todos mayores que yo. A saber: Mi Quico (Francisco), que era herrero; mi Lelo, (Consuelo) excelente costurera y primorosa bordadora a mano, fallecida tristemente a los 26 años y la única que quedó en el pueblo para la eternidad. Mi Chari,( Rosario), mujer sensata, severa, práctica y resolutiva. Por último mi Casi (Casilda), quien apenas había salido de la edad de los juegos infantiles para empezar a mocear.

Volviendo a mi hermana Chari, que es la protagonista de esta entrada, diré que era trece años mayor que yo y quien cogía las riendas de la casa durante los frecuentes y prolongados ingresos hospitalarios de mi madre. Opinaba ella que ya iba siendo hora de ir metiendo en vereda al niño, o sea, a mí. Opinión razonable, pero que yo por entonces para nada compartía, dedicado como estaba a mis constantes juegos y correrías (aparte de mi aplicación en la escuela), así que el choque de puntos de vista entre mi hermana y yo era frontal.

La distribución de mi casa, como casi prácticamente todas las del pueblo. constaba de un pasillo que desembocaba en el corrá, habitaciones a los lados de ese pasillo y la cocina al final o, como era nuestro caso, construida en el mismo corral. Precisamente entre éste y la cocina guardaba yo mis juguetes, casi todos artesanos, muchos hechos por nosotros mismos. Por eso del repentino cambio de los juegos infantiles, me pasaba todo el dia entrando y saliendo

Mi hermana limpiaba el suelo con frecuencia, para mí demasiado, pues durante la faena o ya sentada en el umbral esperando el secado, si me presentaba yo con la intención de entrar, claro: ¡Alto, ni se te ocurra pisar hasta que no se seque el suelo! Yo le proponía que, de forma alternativa, dejara en el pasillo una especie de vereda sin limpiar y así poder seguir yo entrando y saliendo si dejar mis huellas en el suelo, propuesta rechazada sin condiciones una y otra vez.

En una ocasión, cansado de esperar y envalentonado porque estaba arropado por mi pandilla de amigos, le grité: ¡BORRACHA!, curiosamente, mujer que jamás bebió alcohol, tal vez la viera excepcionalmente dar un sorbo al vino que bebía mi padre comiendo. Su reacción fue fulminante, intentó atraparme para darme mi merecido, pero yo era rapidísimo y salí huyendo hacia otra de mis prolongadas escapadas por los campos cercanos como ya comenté en LA FRAGUA, pero ahora esperando que en ausencia de mi madre fuese mi Lelo, hermana dos años mayor que ella y mi protectora, la que intercediese por mí y todo quedara en una severa bronca, como así solía ocurrir.

Mujer de pocos afeites y potingues cosméticos, solo se adornaba con un discreto collar, no de perlas precisamente, coloretes en la cara y los labios tenuemente pintados. Eso sí, las cejas siempre depiladas. Yo la veía a menudo con su espejito y sus pinzas, pinzas que, en sus ausencias, usaba yo para mis juegos. Una vez las abrí más de la cuenta y sin pretenderlo las convertí en dos piezas. Intenté unirlas con pegamín (así llamabamos al pegamento) y até los extremos fuertemente con hilo, pero nada, aquello no tenía reparación posible. En consecuencia, otra de mis huidas.

Para lavar la ropa se usaba la panera, una especie de artesa con un restregador y en un extremo una especie de orejetas y una parte plana para poner los productos del lavado. (No he conseguido averiguar por qué se llamaba panera a un utensilio que se empleaba para lavar. La única explicación que encuentro es que por su forma, suprimiendo la tabla de lavar, podía utilizarse o se había utilizado para amasar). Por falta de agua corriente en las casas había que acarrear la misma desde dos pilares que disponía el pueblo o de pozos cercanos, aunque prontamente se instalaron las primeras fuentes públicas.

Cuando era mucha la ropa por lavar las mujeres solían dirigirse a los lugares apropiados del arroyo o del río, que tenía mayor caudal, pero estaba más lejos del pueblo, pues éste tampoco contaba con un lavadero comunitario. Solían salir en grupo, con la panera en la cabeza sobre una especie de corona de trapo que llamaban rodilla y que hacía de punto de equilibrio y amortiguacíon. Admirables mujeres que caminaban incluso ¡cantando! como si fueran de alegre jira campestre. Admirables y sufridas, pues en los días soleados, pero fríos del invierno, no era raro que tuvieran que quitar el carámbano para acceder al agua.

Una vez hube de acompañar a mi Chari que iba sola a lavar, ella con la panera en la cabeza y yo de custodio con mi tirador, sandalias, pantalón corto con tirantes y una camisilla, vamos, como Joselito en sus películas, pero yo sin boina, (la llamabamos gorra), prenda que nunca me gustó y nunca usé. Caminabamos hacía unas charcas de agua "cana", agua de lluvia que así la llamaban por su color blancuzco, consecuencia de la sedimentación del terreno y que por lo visto era muy apta para el lavado por la abundante espuma que hacía con ella el jabón verde.

Llegados al destino, mi hermana se puso a la tarea, mientras yo solo tenía encomendada la misión de vigilar la comida, necesaria para pasar allí gran parte de la jornada, pero me entretuve entre los árboles próximos dedicado a mi siempre fallida cacería. Advertido por las voces de mi Chari de que un perro grande merodeaba cerca, me llegué corriendo, pero no a tiempo para impedir que el animal, antes de huir, engullera los alimentos y si algo quedó ya no era comestible para nosotros. Me llevé una continua y merecida bronca, y algo más grave, sin tener la posibilidad como tantas veces de huir al campo. ¡A qué campo si ya estaba en él! Hijo puta perro, todo por su culpa. Bueno, tal vez estaba más necesitado que nosotros.

Terminada la faena y después de recoger la ropa seca, tendida previamente sobre los arbustos próximos, emprendimos la vuelta a casa. Yo regresaba bronqueado y hambriento, pero mi hermana... ella iba peor, además de hambrienta, jarta de lavar y cargada de ropa.

Muchos años después, cuando la vi de cuerpo presente con sus cejas depiladas, sentí un estremecimiento interior recordando no solo aquel día en que partí sus pinzas y demás travesuras, sino también de los años de adolescencia que hube de vivir a su amparo. Como decían los romanos: Que la tierra le sea leve.

 

17 comentarios:

  1. En cierta medida, ella sigue viva si sus vivencias estimula tus recuerdos.
    Gracias tio.

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    1. Así es, dicen que se vive mientras alguien te recuerda.

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  2. yo no conocí eso... pero un verano con ella me basto para ver que aunque con rarezas (Con buenas razones) para mi fue estupenda, no puedo hablar nada malo y recuerdo ese tiempo con ella, como los mejores de mi vida. este donde este... Te quiero y Muchas gracias.

    Ella era persona de querer a los suyos, que grato haber pertenecido a los suyos.

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  3. .
    Tu Chari era mi tita Chari, la mujer que descubrí pasada la infancia y sus servidumbres de relación, estableciendo con ella una complicidad que siempre acabó en risas, ya fuera en directo o a través del teléfono. De tal manera que es así es como me gusta recordarla, riendo.
    :-)

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    1. Sí, en lo posible, siempre riendo, el humor es la salsa de la vida, pero sus risas no ocultaban su excepticismo ante la misma. Sus motivos tenía.

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  4. Lo siento, intento escribir y termina la vista nublada por la lagrimas. Fuí una afortunada, y mi gran orgullo es haberla tenido de madre. Qué hubiera sido de nosotros sin esa energia, sin esa manera de ser, que hasta en los momentos donde el barco estaba hundido, bomberdeado, ella seguia y seguia sacando agua, hasta dejar un rinconcito donde meternos a mi hermano y a mi, protegidos, amados. El rincón fue muchas veces la escalera, por no poder entrar en la casa. El rincón fue esos dulces que nos trai de vez en cuando, a pesar de no tener ella ni para comprarse el mínimo de ropa.
    Increible! y su risa! y su piel delicada y blanca. Y su elegancia en la sencillez. Nunca necesitó hacer gala de nada, tenia el estilo en sus ojos, en sus manos, y en saber llevar hasta la bata de estar por casa.Tío, un beso y claro que sigue viva, no hay más que verme.
    Tu sobri

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    1. Por eso del barco hundido y bombardeado, su hermano se fue a la Marina, precisamente a Artillería Naval. Bueno, para darle un poco de humor a esto. Antes la tuve yo de hermana, con esa "guerra" infantil, ahora tan nostálgica.

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  5. En esa foto, me dice cosas muy bonitas, estoy sentada en sus piernas, con unos 5 o 6 meses. Su niña! hasta el final, su niña!
    otra de tu sobri

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    1. Ya veo que conoces la foto que he recortado. Está sencillamente elegante.

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    2. Has logrado emocionarme, para mí es un gran orgullo ser su sobrina, y digo es porque ella siempre estará conmigo en mi corazón. Fueron muchos los días que pase junto a ella y los recuerdo con todo mi cariño, fue una mujer luchadora y llena de valores.
      Junto a ella aprendí a ser mejor prsona, y hoy en día cuando algunos me sacan algun parecido con ella, me siento orgullosa de ello.
      La quise,la quiero y sieme la llevare en mi corazon.

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    3. Me alegro que te haya gustado y emocionado, aunque también procuro darle una pincelada de humor a estos relatos.
      Besos.

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    4. Tuve la gran suerte de conocerla, no mucho, porque creo que ya yo estaba casada. Sabes lo que más recuerdo de ella ?, parecerá una tontería: "su voz". Me gustaba lo bien que pronunciaba las palabras con sus eses al final, su tono. No se explicarme mejor, no se si me entenderás. Era mujer de carácter pero dulce a la vez. Allí en donde esté, ¿La dejarán limpiar pasillos?.

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  6. En los tiempos a que me refiero no pronunciaba las eses finales ni las jotas fuertes, como los andaluces y extremeños.
    Ignoro si donde está la dejarán limpiar pasillos, pero seguro que yo ya no los pisaría.
    Gracias. Besos.

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  7. MI TIA CHARI,que momentos tan intensos vividos con ella,ademas de compartir nombre y apellido,teníamos`más cosas en común unas buenas y otras no tanto.
    Era tan especial, esos ojos que te decian tantas cosas sin necesidad de abrir la boca,su risa, su caminar,siempre tan peinada.

    Parece que la estoy viendo, cuando venia a buscarme a la puerta de mi trabajo (era como CAPERUCITA) acompañada de un queso y un tarro de miel, después nos íbamos las dos a dar vueltas por Madrid ¡que tardes!

    ¿Y su sentido del humor? era genial.Recuerdo un día en casa de mis padres,que en una pared del salón había un enchufe a medio arreglar,del cual salían unos cables y debajo una silla(cada silla tenia su lugar) ella se quedó`mirando y comentó ¡vaya,no os falta de nada,tenéis hasta "silla eléctrica". ¡lo tengo grabado!creí que le daba "algo" a mi padre. tantas y tantas vivencias.

    Era tan coherente, tan fiel a sus ideas,con esa personalidad dentro de su sencillez. Hay tantas cosas buenas que recordar de ella,que estaria escribiendo sin final.
    Si donde estés lo puedes leer ¡te quiero y nunca te olvidaré!.

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    1. Vaya, que alegría que por fin hayas entrado en el blog. Todo lo que dices está tan bien y estoy tan de acuerdo que no tengo palabras que añadir.
      Un beso.

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