martes, 23 de enero de 2018

Ruta italiana, 2.


Martes, 25 de julio de 2017.


Por la mañana llegamos a Florencia y caminamos desde donde nos dejó el autobús hasta la catedral (Il Duomo) y el Baptisterio, justo frente a la misma, monumentos de gran belleza externa, aunque, para dedicar el tiempo a otras visitas consideradas de mayor interés, no se estimó oportuno conocer su interior.


Desde allí nos acompañó el guía local, cuyo nombre y persona recuerdo en este caso: Stefano (en la foto superior posa con Isabel). Junto a él hicimos un extenso recorrido por el centro de la ciudad hasta llegar al Puente Viejo (Ponte Vecchio) sobre el río Arno.


Seguidamente paramos en la plaza de la Señoría para contemplar una copia de la estatua del David de Miguel Ángel, situada donde estaba expuesta la original hasta 1873, año en que fue trasladada donde permanece en la actualidad: la Galería de la Academia.


Por la masiva afluencia de público a esa galería, se decidió visitar el Palacio Bargello, convertido y considerado como el museo de arte renacentista más importante del mundo, con bastantes obras del propio Miguel Ángel, incluso su busto.

Seguidamente, paramos para almorzar en un restaurante próximo a la Capilla de los Medici, lugar fijado para reunirnos después de la comida, tras hora y media de tiempo libre.

Marchaba con mi mujer con idea de hacer alguna compra, cuando nos encontramos con parte de un grupo con quienes ya habíamos entablado una amistosa relación. En ese caso, Chema y Lucía, de Madrid, el hijo de ésta, Emilio, joven de apenas 18 años, de carácter atento y bondadoso y con Vicente, zaragozano.

Se encaminaban hacia la Galeria Uffizi, que aunque se encontraba lejos del lugar de encuentro, pensaban que el tiempo libre en esa ocasión era más que suficiente para la ida y el retorno, así que consideramos más seguro y divertido unirnos y pasear con ellos. Ya encontraríamos durante el trayecto una tienda para la compra prevista.

El joven Emilio comento: “lo malo será volver”. No sospechaba que aquellas palabras resultaron proféticas. Arreció la lluvia que de forma intermitente nos venía acompañando a lo largo del día. Rachas de fuerte viento doblaban las varillas de los endebles paraguas adquiridos para una ocasión pasajera. Los de Chema y Vicente quedaron totalmente inservibles, por lo que tuvieron que seguir caminando bajo la lluvia sin protección alguna.

Tan adversas condiciones meteorológicas nos motivaron a optar por emprender el camino de regreso, e influyeron para que terminásemos extraviados. Disponíamos de un mapa, pero impreciso. Preguntamos en varias ocasiones y, aunque no resulta difícil entender un italiano elemental y concreto, por lo visto no nos enterábamos bien o no nos explicábamos con claridad, lo cierto es que no dábamos con el camino correcto. Emilio consultaba la oportuna aplicación en su móvil y repetidas veces nos decía: “¡Por aquíii!” Lo seguíamos crédulos e ilusionados… para terminar decepcionados, pues repetidas veces topábamos con lugares ya conocidos. Tal parecía que nos habíamos adentrado en un gigantesco laberinto urbano.

Lucía comentaba sentirse herida en su amor propio por terminar perdida en Florencia, habiendo transitado sin dificultad por ciudades más populosas y complicadas. Precisamente, por amor propio tratábamos  de evitar llamar a Isabel, pero como la hora y media de tiempo libre expiraba y seguíamos perdidos, mojados (algunos empapados) y agotados de tanto caminar, no tuvimos otra alternativa que hacerlo.


Escasos minutos pasaron cuando teníamos a Isabel con nosotros, pues  para aumento de nuestra frustración, nos encontró cerca del punto de reunión. Ella quedó sorprendida al conocer que seis personas adultas, en pleno día, aunque fuera lluvioso y con los actuales medios de orientación, se perdieran en Florencia; más sorprendidos y contrariados estábamos nosotros. Eso sí, podíamos presumir de haber recorrido las calles y el centro comercial de la ciudad, con mayor detalle que el resto del grupo.


Aún hubimos de seguir caminando hasta el autobús para regresar al hotel, previa una parada en un mirador presidido por otra réplica de la estatua del David de Miguel Ángel, desde donde se divisaba una maravillosa vista de Florencia y el curso del río Arno.

Miércoles, 26 de julio.


Según el programa, en ruta para Pisa, paramos para visitar Lucca, otra preciosa ciudad medieval, abarcada por baluartes bien conservados y construidos con un trazado irregular concebido para una estratégica defensa.

El autobús nos dejó en una zona de extramuros, desde donde nos acompaño la guía local. Caminábamos para acceder al centro urbano por una puerta de la muralla, cuando mi mujer, afectada con rozaduras en los talones a consecuencia de la caminata del día anterior, se cayó de forma inesperada en un suelo llano, a pesar de calzar unos zapatos cómodos.

Como caminaba cogida a mi brazo, me arrastró en la caída. Me levanté sin dificultad para ayudarla, aunque ya todo el grupo había acudido solícito para socorrernos. Comprobamos que solo sufrió una leve herida superficial en un codo, así que el cómico batacazo, pues ella “aterrizó” hacía adelante y yo caí hacia atrás, solo quedó en una anécdota más a añadir a los incidentes del viaje a que me refería al inicio de estos relatos. Eso sí, en adelante extremamos los cuidados al caminar y tomamos ocasionales y oportunas medidas por sus pies doloridos, que soportó con entereza, para adaptarnos y no entorpecer el ritmo de marcha del colectivo.


Ya en la ciudad, el primer monumento que contemplamos, aunque en ese caso solo por el exterior, fue la iglesia de San Miguel en Foro. Nos sorprendió gratamente la belleza y originalidad de su fachada y las columnatas laterales.


A continuación visitamos su monumental catedral, llamada de San Martín. Allí sí que la guía nos explicó con detalle todo su interior de extraordinario valor artístico.

Después seguimos paseando por sus calles y plazas centrales para ver el exterior de numerosos monumentos más, hasta llegar al autobús y continuar viaje.


A mediodía llegamos a Pisa. El autobús nos dejó en una extensa zona de aparcamientos alejada del  centro urbano hasta donde caminamos. Al entrar por una puerta elegida de la zona amurallada, quedamos asombrados ante la impresionante y repentina vista de la llamada Plaza de los Milagros, un conjunto principalmente formado por el Baptisterio, la Catedral y la Torre Inclinada al fondo, edificios todos con el exterior de mármol blanco.

Aquella visión me hizo recordar el soneto que dedicó Cervantes al túmulo erigido en Sevilla tras la muerte de Felipe II:
“Vive Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla,
porque: ¿a quién no sorprende y maravilla,
esta máquina insigne, esta riqueza?...”

Seguidamente, fuimos directos al restaurante concertado para el almuerzo. Para mi contento, aunque no me libré de un primer plato de pasta, al menos, como excepción, nos sirvieron un segundo de pescado: rodajas de chipirones enharinados y fritos que me resultaron exquisitos.

Después de la comida, fuimos guiados por un joven y simpático italiano, natural de la misma ciudad, que se expresaba con un perfecto dominio del español coloquial, pues se había licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca.


No recuerdo el nombre de tan agradable guía, pero, para que perdure su recuerdo, aparece en la foto superior, explicándonos el interior del Baptisterio.

Antes de continuar con el relato, no me resisto a incluir dos de los ocurrentes tópicos que nos contó, aun a sabiendas de que solo se trata de divertidas anécdotas alejadas de la realidad, pues él mismo las tomaba con humor.

Como es frecuente en general, también en la Toscana existe rivalidad entre ciudades cercanas, muy enconada entre Florencia y Pisa. En este caso se remonta al siglo XV, cuando la República de Pisa fue anexionada por la de Florencia.

*Galileo Galilei nació en Pisa, pero está enterrado en Florencia, así que nos dijo que allí nunca descansará en paz rodeado de florentinos.

*Los habitantes de Lucca tienen fama de tacaños en toda la región y aseguran que sus mujeres tienen tres tetas, pues en la antigüedad atesoraban monedas introduciéndolas por el canal de los pechos y en consecuencia les creció otra de oro.

Bueno, pues a continuación contemplamos la famosa Torre, que pasa un poco desapercibida ante tanta grandiosidad, aunque no tuvimos ocasión de subir. Nos explicó que la inclinación fue debida a un fallo de construcción por su escasa cimentación, por lo que el arquitecto quedó relegado al olvido. Recientemente han inyectado un refuerzo en el subsuelo, consiguiendo enderezarla cincuenta centímetros. Prevén que se mantenga así, al menos doscientos años.


Seguidamente recorrimos todo el interior de la artística Catedral, que nos explicó con todo detalle. A la salida nos mostró, a la izquierda de la plaza, lo que fue el antiguo hospital.


Como el índice de mortalidad era muy alto, el cementerio de la época estaba situado justo enfrente del hospital. Esa cercanía les facilitaba un cómodo y breve traslado de los difuntos.

Siguió la visita por dentro del Baptisterio, también repleto de obras de arte. Nos sorprendió que, como los niños no debían entrar en los templos sin cristianar, para la simple función del bautizo construyeran esos imponentes edificios independientes, frecuentes en varias ciudades italianas.

Terminadas esas visitas, se despidió el guía local y fue Isabel quien quedó al frente de quienes deseaban seguirla a pasear por las calles céntricas, o bien, los que así lo preferían, podían recorrer a su aire un extenso mercado al aire libre instalado a lo largo de una zona extramuros en dirección a los autobuses.

Como mi mujer continuaba con las dolorosas rozaduras en los talones, solo protegidas por simples tiritas, propuse a Isabel que nosotros optábamos por retornar andando despacio hasta los aparcamientos. Quedamos de acuerdo, pero nos pidió que esperásemos a los demás a mitad de camino, donde encontraríamos una plazoleta con unos bancos y una pequeña fuente en medio.

Caminar, caminar y caminar, pero por allí no aparecía ni plazoleta, ni bancos ni fuente, así que creímos lo más sensato seguir a la muchedumbre que se dirigía hacia la zona de aparcamientos. Llegados allí, aun se complicó la situación, pues entre tantos autobuses no encontrábamos el nuestro.

Esperando en el entorno, llegaron un matrimonio de Mallorca y otro de Tarragona, amables compañeros de viaje, a quienes les había ocurrido el mismo caso, o sea, que no fuimos los únicos en no localizar el punto indicado. Luego supimos que la dicha plazoleta quedaba oculta por el gentío.

Me resistía a telefonear de nuevo a Isabel, pero no  tuve otra alternativa, pues pasaba el tiempo, llegaba la hora fijada para la partida, y no divisábamos a nadie conocido. Le expliqué el lugar de nuestra espera, no lejano al autobús y allí apareció con el resto del grupo. Seguidamente emprendimos el largo recorrido de retorno para la cena y alojamiento en el hotel.

Tras la cena, manteníamos una animada tertulia con las personas citadas en la “aventura” de Florencia, a la que se unían habitualmente nuestros compañeros de mesa: Rafael y Blanca, de Valladolid, Carlos y Emilia, barceloneses y Emilio y Clemen, extremeños y el joven Emilio. Los nombro porque queden en nuestro recuerdo aquellas personas con quienes mantuvimos más estrecha y grata convivencia.


Continuará...

domingo, 7 de enero de 2018

Ruta italiana, 1.


En el verano de 2017, mi mujer y yo optamos por conocer la variante de viajar mediante un circuito turístico en autobús, en vez de repetir los cruceros marítimos de los dos años precedentes, a los que ya dediqué las correspondientes entradas.  

Elegimos uno con destino a Italia, organizado por la empresa turística Travelplan, llamado: “Encantos de la Toscana y Roma”. En realidad, debieran añadir también la Umbria, región incluida en el itinerario y de la que visitamos dos de sus más afamadas ciudades, como son Asís y Perugia, su capital.

La experiencia nos resultó inolvidable por la grata compañía encontrada, por la experta dirección de Isabel, la responsable del grupo --a quien dedicaré el siguiente párrafo--, por la destreza del conductor, el napolitano Máximo, y porque nos sucedieron una serie de incidentes y vivimos momentos de angustia, pero, por fortuna de esos que, una vez superados, quedan para ser contados a modo de divertidas anécdotas.

Isabel, siempre presente, aunque sustituida en determinadas visitas por guías locales según lo establecido, resultó ser una mujer instruida, desenvuelta, atractiva, con sentido del humor y no exenta del firme carácter preciso para la brega con dispares grupos, a lo largo de siete meses de ininterrumpido trabajo por Italia y en ocasiones por otros países europeos.

Bueno, pues sin más preámbulos, doy principio a estos relatos.

Domingo 23 de julio.-

En vuelo directo desde Sevilla, a las 23.45 aterrizamos en el aeropuerto Leonardo da Vinci, situado en Fiumicino y cercano a Roma. Llegamos con antelación a la hora prevista, pero luego hubimos de permanecer  largo rato a bordo de la nave en espera de que llegara la escalera de desembarque y el autobús para trasladarnos a la distante terminal.

Confundidos, siguiendo al gentío que avanzaba, terminamos en la inmensa sala de llegadas, pero atrás quedó el equipaje facturado. Retroceder estaba prohibido. Allí nos esperaba ya quien había de llevarnos en coche hasta el hotel. Enterado del caso, nos informó que, para poder entrar de nuevo, era preciso gestionar la recogida del mismo en la oficina de los “carabinieri”.

Realizados los trámites oportunos, retorné hasta las cintas transportadoras, donde, por fin, para mi contento, divisé nuestra maleta dando vueltas en solitario.

A continuación nos pusimos en camino hasta el hotel Barceló Aran Park. El conductor, Bruno, un napolitano gracioso, nos amenizó el recorrido contándonos en un español fluido, que la madre le prohibió viajar a España, donde el padre marchó y nunca regresó, pero el destino motivó a Bruno casarse con una santanderina, así que no tenía más remedio que hacer caso omiso al mandato materno. Después, mi mujer me contó, que cuando yo marché en busca del equipaje, le aconsejó riéndose, que aprovechara la ocasión para librarse de mí.

Cuando finalmente llegamos al hotel era la 1:45 de la madrugada. El recepcionista nos señaló el tablón donde estaban expuestas las rutas para ese mismo día. La nuestra estaba fijada para las 7:30, o sea, que disponíamos de escaso tiempo para el descanso.

Lunes 24 de julio.-

A las 7:30 de la mañana, cuando ya estábamos dispuestos para subir al autobús, nos enteramos por Isabel que la tarde anterior había mantenido una reunión con gran parte de los compañeros de viaje ya presentes en Roma y habían acordado demorar la salida a las 8:00 horas; hora a la que daría comienzo nuestra intensiva andadura.


La primera parada fue en la la ciudad medieval de Asís, enclavada en la cima de un monte coronado por un castillo del siglo XIV, llamado la Roca Mayor.


Visitamos primero la basílica de Santa Clara, para después caminar hacia la de San Francisco situado al lado opuesto de la ciudad, paseando por bellas calles, en las que destaca un templo romano erigido a Minerva. Lloviznaba de forma intermitente.


La impresionante y artística basílica de San Francisco está construida a dos alturas. Iniciamos la visita por la planta baja y cuando aparecimos en el claustro situado en la superior, nos sorprendió un intenso aguacero, que en aquel  escenario medieval nos sobrecogió.

Seguidamente, paramos para comer en el restaurante del hotel Windsor. Con todo cuanto me gustó Italia, en mi caso particular, fue precisamente la gastronomía el aspecto negativo, pues poco amigo de los platos de pasta, éstos no faltaron en nuestros menús, bien en el almuerzo, bien en la cena, cuando no en ambas comidas.


Continuamos viaje hacia Perugia, divisando a nuestra izquierda el lago Trasimeno, famoso por librarse en su entorno la tercera de las batallas de la II Guerra Púnica, en la que los ejércitos de Aníbal infligieron una nueva y severa derrota a las legiones romanas.


Entramos en Perugia por una fortificación medieval, construida sobre una fortaleza etrusca, según nos mostró la guía local. Esa región estuvo habitada tanto por etruscos como por umbros, pueblos luego sometidos por los romanos, pero con los que se mezclaron, entrando a formar parte de su civilización.

Después, caminata extensa por la ciudad, contemplando sus bellas calles y plazas, o bien visitando el interior de notables edificios.

Dispusimos de tiempo a nuestra libre disposición, especialmente para compras, pues son típicos de allí los productos elaborados con trufas, derivados de las mismas y salsas sucedáneas.


Ese atardecer llegamos a un antiguo monasterio convertido en hotel, el Fattoría Pitiana, situado en la cima de uno de los montes florentinos, distante unos 25 kilómetros de Florencia. Las vistas eran maravillosas, con abundantes cipreses, árbol emblemático de la Toscana. Allí nos alojamos 3 noches y nos sirvió de punto de partida para el recorrido por la región.

Bueno, pues aquí doy término a esta primera entrada. Continuaré con el relato por jornadas completas.


jueves, 14 de diciembre de 2017

Reportaje bombardeo vapor noruego "Gulnes"


Como hecho poco conocido de la Guerra Civil, el día 7 de diciembre de 1936, la aviación republicana bombardeó de forma accidental al vapor noruego “Gulnes” mientras cargaba mineral en un muelle de San Juan de Aznalfarache, causando daños irreparables al buque y la muerte a 4 jóvenes de esa nacionalidad, enterrados en el cementerio de Sevilla.

Cuando descubrí al azar el monolito erigido en su memoria, ya entonces descuidado, sentí curiosidad y tristeza por la fatal suerte de esos hombres que vinieron a caer tan alejados de su país y en un conflicto que les era del todo ajeno, por lo que inicié una particular investigación, cuyo resultado expuse en 4 entradas de este blog entre el 18 de noviembre del 2014 al 10 de marzo del 2015.

Para mi sorpresa y contento, precisamente coincidiendo días pasados con el aniversario, para rescatar del olvido aquella acción bélica y a aquellos hombres, en la edición digital del diario sevillano “El Correo de Andalucía”, los periodistas Diego M. Díaz y Txetxu Rubio, han realizado un magnifico reportaje, ilustrado incluso con un vídeo de aquel ambiente bélico.

Aunque en la actualidad estoy centrado en relatos de viajes, he creído oportuno y de interés facilitar aquí, a modo de breve cuña, el enlace del reportaje profesional que complementa y aporta nuevos datos sobre lo que yo pude averiguar.

La foto de cabecera, ya expuesta en un relato anterior, corresponde a una de las víctimas: Egil Pleim Nilsen. Contaba 24 años de edad y era natural de Nesna, Noruega.


P.D. Agradecido a mi familiar Eduardo Iglesias, quien me proporcionó el reportaje vía Internet. 

Coletilla.- Como nada encontré en mis averiguaciones, en contra de lo que pensaba y exponía en una de las entradas antes referidas, conozco ahora por información que me ha remitido  el periodista Txetxu Rubio, que Queipo de Llano SÍ se ocupó de este caso en sus habituales peroratas radiofónicas desde Sevilla. 

martes, 28 de noviembre de 2017

Ruta lusitana, 2.


*Miércoles 12 de octubre, 2016.-

Camino de Oporto nos desviamos de la autopista para acercarnos a la península de Peniche y allí, desde el cabo Carboeiro, divisar el cercano archipiélago de las pequeñas Islas Berlengas y observar su colonia de aves marinas y algunas de paso a poca altura sobre las aguas, como los alcatraces.

También disfrutamos del panorama de unas costas en pleno mar abierto, que seguían siendo tan escarpadas como las que vimos más al sur y seguidamente nos incorporamos de nuevo a la autopista para continuar viaje y comer en la próxima área de servicio.


Esa tarde llegamos a Oporto donde, para recoger las llaves, nos entrevistamos con el dueño del amplio piso que se le había alquilado para tres días.

Después de aposentados, marchamos a un moderno y grandioso centro comercial, dentro del que había un hipermercado Continente, donde nos abastecimos para cenas y desayunos en el piso.

*Jueves 13 de octubre.-


Dedicamos la jornada a recorrer caminando gran parte de las calles del centro de la preciosa ciudad de Oporto y su amplia y bella plaza principal, llamada de Los Aliados. Visitamos los monumentos más conocidos, destacando la Iglesia de los Clérigos y su emblemática torre.


Por las largas colas, desistimos en primera ocasión de entrar en la librería Lello, que por su valor histórico y artístico está considerada como de las más bellas del mundo. Aprovechamos para comer en un restaurante cercano: A Tasquinha y después sí, tuvimos oportunidad de visitarla por el menor número de personas en espera.

Resulta muy ingeniosa la organización establecida para la visita: como la cantidad de visitantes era masiva y muchos eran simples mirones que entorpecían la actividad comercial, ahora es preciso sacar previamente una entrada por un coste de tres euros, cantidad que te descuentan si realizas alguna compra.


Otro monumento representativo de la ciudad, en este caso una gigantesca estructura de hierro, es el puente Luis I que consta de 2 plataformas. Por la inferior circulan coches y peatones y por la superior, peatones y el tranvía.

Esa tarde, después de pasear por la margen izquierda del río Duero, que corresponde a Vila Nova de Gaia, o simplemente Gaia, lo atravesamos caminando por abajo, para luego caminar por la parte derecha, que pertenece a Oporto. Ambas márgenes las componen calles muy animadas, repletas de bares, restaurantes y terrazas.


La independiente ciudad de Vila Nova de Gaia está tan poblada como Oporto, aunque ésta da nombre al área metropolitana. Curiosamente, en la calle de Gaia paralela al río, se localizan las bodegas del famoso vino de Oporto.

Resulta extraño que en España, en general, solo se habla de Oporto. Al menos, en mi entorno, nunca escuché noticias de Vila Nova de Gaia.

Antes de recogernos en el piso, viajamos en el coche para caminar por la zona costera próxima a la desembocadura del Duero.

*Viernes 14 de octubre.-


Iniciamos la actividad turística con un breve crucero desde Gaia para conocer todo el entorno del río Duero y los seis puentes que comunican ambas orillas.


Seguidamente, en Gaia montamos en un teleférico que sube hasta la proximidad de la plataforma superior del puente Luis I. Lo atravesamos hasta Oporto donde comimos y después caminamos hasta la terminal de un funicular que nos llevó a la parte baja de la ciudad.


A continuación, viajamos más hacia el norte, hasta Braga, que visitamos caminando. Nos encantó esa histórica ciudad, por su catedral, sus iglesias y una plaza con dos fuentes, cuyos surtidores dibujaban variados y bellos juegos con sus altos chorros.

De sus calles es de destacar una, próxima a la plaza de las fuentes, decorada a lo largo de toda su parte central por un frondoso y florido jardín de múltiples colores.

Podíamos divisar sus cercanos y boscosos montes, donde sobresale el conocido Santuario del Bom Jesus, pero ya no tuvimos tiempo para llegar con la luz del día y optamos por regresar a Oporto.

*Sábado 15 de octubre.-


Ya esa mañana iniciamos la ruta de retorno a Sevilla, parando en primera ocasión para visitar y ver el monasterio de Batalha. Es de gran belleza, en estilo gótico tardío y mezclas de arquitectura manuelina.


La otra parada prevista era en  Évora. Teníamos intención de entrar en la tétrica y conocida Capela dos Ossos, pero no fue posible porque llegamos a la hora de cierre, así que después de un paseo por la ciudad, continuamos viaje hasta Sevilla, donde llegamos sobre las 22.00 horas.

Bien, pues aquí doy remate a la crónica de aquel extenso recorrido por tierras portuguesas del que tanto disfrutamos y que nos permitió constatar que nuestro país vecino y hermano, tiene mucho que ofrecer a los visitantes en monumentos, paisajes, gastronomía y, en general, la amabilidad de sus gentes.


martes, 24 de octubre de 2017

Ruta Lusitana,1.


Tras el crucero por el mar Báltico y el viaje a Galicia al que me referí en las última entradas y alguna acostumbrada y breve visita a mi pueblo natal, Campillo de Llerena, en la provincia de Badajoz, dábamos por concluido el capítulo de viajes de 2016.

Sin embargo, sobre septiembre de ese año, Eugenia, prima hermana de mi mujer y su pareja, Fernando, nos invitaron a realizar un extenso recorrido a bordo de su coche por tierras portuguesas, desde Sintra y ciudades cercanas, hasta el norte del país.

Viajar en tan grata compañía y con la comodidad que supone hacerlo en una berlina Mercedes de 9 plazas por una zona que ellos ya conocían con detalle (en mi caso la conocía de forma fugaz, por un viaje que hice muchos años atrás desde Sevilla a Orense, desviándome por Portugal), suponía una oferta tan atrayente que no admitía negativa. Así que, cómo no, nos sumamos a aquella expedición que duró desde el domingo 9 de octubre al sábado 15  de ese mes.

A lo atractivo del ofrecimiento, he de añadir que Fernando del Valle es un conocido y experimentado ornitólogo con extensa experiencia internacional, y que por tanto, llevaría su valioso equipo, tanto fotográfico como óptico, lo que nos permitiría ilustrar con calidad nuestras visitas, incluso vivir alguna placentera aventura con la observación de distintas especies de aves.

Precisamente, fue a Fernando a quien, atinadamente, se le ocurrió llamar al recorrido “Ruta Lusitana”.

*Domingo 9 de octubre.

Procedentes de Sevilla, tras rebasar Lisboa por el puente 25 de Octubre, llegamos a Sintra con la hora precisa para aposentarnos en el hotel concertado para tres  noches y salir en busca de un restaurante donde comer.


Después de la comida, sin lugar a reposo alguno como ocurriría durante todo el viaje para así aprovechar al máximo la jornada para visitar lugares y monumentos y contemplar parajes, subimos en primer lugar hasta el Convento dos Capuchos, edificio que actualmente pertenece al Estado portugués, que lo mantiene acondicionado para las visitas.


Se trata de un sencillo complejo religioso con capilla, pequeño terreno de cultivo y horno donde los monjes producían sus propios alimentos. Las celdas, de reducidas dimensiones y en su mayoría, excavadas en galerías a veces tortuosas, junto con los huecos de entrada de escasa altura, obligaban a los monjes a llevar una vida de constante penitencia, a lo que ayudaban las puertas forradas de corcho para el aislamiento acústico y térmico; material que aún se conserva de forma notoria.

El paisaje que se divisa es de gran belleza y todo el entorno inspira un total recogimiento a pesar de la ausencia de vida ascética, ya que los monjes franciscanos que lo habitaban fueron exclaustrados en 1834.  


A continuación marchamos al Cabo da Roca, en el término de Cascais, la punta más occidental de Eurasia. Como se indicaba en un monolito: Aquí onde a Terra se acaba e o mar comença, en palabras de Luis de Camoens, el gran poeta portugués. Llegamos con tiempo de observar en el horizonte marino una maravillosa puesta de sol.


Después, nos dirigimos a la llamada Boca do Inferno, otra zona de acantilados y cuevas del mismo municipio, para contemplar allí los embates del mar. Tras ello, dejamos el coche en un aparcamiento subterráneo y paseamos por las calles de la ciudad y los alrededores de su magnífica fortaleza.
En Cascais cenamos y antes de retornar al hotel pasamos por varias calles de Estoril, freguesía del citado municipio.

*Lunes 10 de octubre.


Ese día lo empleamos para visitar Lisboa, donde paseamos por calles céntricas y sus más amplias y emblemáticas plazas como son la del Rossio y Do Comercio.

Después de una buena caminata, montamos en un típico tranvía que nos trasladó a la parte alta de la ciudad, para contemplar desde sus miradores una bella panorámica urbana.

Regresamos a la parte baja para comer y terminada la comida, pensamos emplear el resto de la tarde en conocer el barrio histórico y monumental de Belem, en la margen derecha del estuario del río Tajo.


Hacia allá nos dirigimos en coche, pero nos sorprendió un continuo atasco por cualquier ruta alternativa que tomábamos, hasta que ya, tensos por la situación, desistimos de nuestro propósito y nos fuimos a pasear por una zona tranquila cercana al río, desde donde se contemplaba el imponente puente Vasco de Gama, con sus más de 12 kilómetros de longitud.
En todo caso, vimos lo suficiente, para afirmar que Lisboa es una preciosa capital, que merece ser visitada y conocida con más tiempo y mayor profundidad.

Finalmente, retornamos a Sintra, donde cenamos.

*Martes 11 de octubre.


Para evitar colas de entrada, ya a primera hora de la mañana, subimos con el coche, a veces dentro del túnel arbóreo en que se convertía el camino, a visitar la Quinta da Regaleira. De tal lugar diré que a principios del siglo XX, un rico brasileño de padres portugueses, mandó construir un lujoso palacio en un extenso terreno rodeado de bosques, jardines, grutas, pequeños castillos… Supone una gozada ver el palacio y recorrer su entorno.

Terminada la visita, viajamos a la costa para pasear cerca de la Praia das Maças y después comer las típicas carnes a la piedra que ofrece el restaurante O Lavrador, en el cercano pueblecito de Cabriz.


A continuación, subimos de nuevo a la frondosa Sierra de Sintra para visitar el Palacio da Pena, residencia por temporadas de los reyes portugueses en el siglo XIX. Nos encantó ese precioso edificio de estilo romántico, así como los jardines que lo rodean. Además, la panorámica desde aquella altura es espectacular. Se puede contemplar incluso la desembocadura del rio Tajo en el Atlántico.


Lo único importante que nos quedó por ver de los monumentos serranos, fue el llamado Castelo dos Mouros, edificio que se divisa desde cualquier punto de Sintra.


Ultimada la visita, nos trasladamos de nuevo a la costa, en esta ocasión a Azenhas do Mar. Entramos en el lujoso restaurante del mismo nombre para tomar una copa de vino de  Oporto en una galería acristalada con vistas a una preciosa cala.

Regresamos a Sintra y antes de recogernos en el hotel, cenamos en el restaurante elegido desde la llegada: el Metamorphosis, donde comíamos bien y siempre fuimos tratados con amabilidad.

A la mañana siguiente, tras el desayuno en el hotel, emprendimos el viaje hacia Oporto, pero ese relato quedará ya para una segunda parte.