miércoles, 18 de diciembre de 2013

Los Arribes del Duero... (2008)


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Desde la tarde del día 8 a la mañana del 11 de julio del 2008, repetimos El Grupo la estancia en el pueblo zamorano de Fermoselle para gozar de nuevo de las apacibles tertulias nocturnas hasta la madrugada, sentados en las terrazas de los bares-restaurantes de su Plaza Mayor y proximidades, así como conocer con más detalle el Parque Natural de Los Arribes del Duero, que tanto disfrutamos el año anterior. Después seguiríamos nuevas rutas, algunas programadas y otras a la aventura.


Durante una de las paradas en nuestros recorridos diarios, junto a la presa del embalse de Almendra, en la provincia de Salamanca, uno de los de mayor capacidad de España, tuvimos la oportunidad de contemplar el vuelo en planeo circular de una pareja de cigüeñas negras, aves de escasa población y esquivo comportamiento. Anidaban en los roquedales del cañón de Los Arribes, siempre alejadas de la presencia humana.


Para variar, en aquella ocasión embarcamos en el catamarán que parte del muelle de Miranda do Douro y que navega en dirección norte, a la inversa que hace el de la orilla española de Aldeadávila de la Ribera. También nos pareció espectacular el panorama del cañón del Duero por esa zona, aunque tal vez algo menos agreste que el contemplado el año anterior.


Terminada la singladura y amarrada la embarcación, los tripulantes nos sorprendieron con una exhibición de un búho real. El ave, amaestrada, volaba de uno a otro mediante llamadas y señuelos. La señorita que nos sirvió de guía, que aparece en la foto con el animal posado en su brazo protegido por un guantelete, nos informó que ese tipo de actuaciones estaban prohibidas en Portugal, pero aquel búho había nacido en España y como “ciudadano” español, le aplicaban nuestras leyes, más permisivas en estos asuntos. Puesto que el animal parecía bien cuidado y “feliz”, no tuvimos más remedio que reírnos y tomar la situación como una anécdota esperpéntica.

En Fermoselle, donde residía, conocimos al dueño del otro catamarán que parece que completaba ese tipo de embarcaciones turísticas por la zona, pero de mucho menor tamaño, solo 16 plazas. Además, en ese caso, el itinerario, la hora de partida y el precio se podía pactar previamente con el mismo, en función del número de pasajeros. Nos comentaron también que, por las reducidas dimensiones de la embarcación y el conocimiento del patrón, se podía acceder a los lugares más recónditos. Estuvimos tentados de apuntarnos a esa nueva expedición, pero finalmente desistimos por considerar que ya teníamos suficiente con nuestras dos navegaciones.


Viajamos hasta Zamora, ciudad monumental, histórica y muy limpia. También nos llegamos a uno de sus principales pueblos: Toro, donde visitamos su colegiata y paramos para bien comer y a precio razonable en uno de los numerosos restaurantes con terrazas en su bella y porticada Plaza Mayor. Municipio también conocido por sus afamados vinos.

El día 11 de julio continuamos la ruta con destino a Las Médulas, pedanía del municipio de Carucedo, en la provincia de León, donde previamente habíamos reservado hospedaje para dos noches. Nuestro proyecto era recorrer las minas de oro a cielo abierto de su entorno, explotadas en tiempos de los romanos, consideradas Monumento Natural y declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1997. 

Añadiré como anécdota que, ya avanzado el trayecto, mi cuñado, Eduardo, programó el GPS con la opción de la ruta más corta. Obediente el THONTON, que esa era la marca del aparato, nos llevó campo a través, creo que por caminos forestales o cortafuegos. En todo el trayecto, solo nos encontramos con alguna colonia de niños que parece que estaban de campamento, quienes miraban atónitos como circulaba por allí un coche con matrícula de Sevilla.


La parte positiva de aquel camino es que pudimos contemplar un bello paisaje, casi virgen. La negativa es que, ocurrió como es frecuente en esos casos, que la ruta más corta no se corresponde con la más rápida. Por lo que, aun enlazando al final con una carretera principal, hasta avanzada la tarde no llegamos al primer pueblo con servicios de restauración: Casaio, en la provincia de Orense. Naturalmente, a esa hora no encontrábamos donde comer. Afortunadamente, en el Bar Restaurante CALVI (expongo el nombre como recuerdo y agradecimiento) se apiadaron de aquellos cuatro locos famélicos y nos prepararon una comida de circunstancias, a base de productos de su propio huerto y algunos fiambres o huevos fritos. Incluso la persona mayor de la familia, un venerable señor de unos 90 años nos quiso conocer porque hizo la "mili" en Sevilla. Hasta nos ofreció una botella de orujo casero. Fueron muy amables con nosotros.

Finalmente, al anochecer de ese mismo día alcanzamos la meta de nuestra segunda etapa en Las Médulas, comarca del Bierzo (León).

Una vez llegado a este punto compruebo que, por más que quiera resumir, queda mucho por contar de aquel largo recorrido, en consecuencia, para no hacer tedioso el relato, he decidido dedicar ésta y las dos entradas siguientes al mismo, conforme a las tres paradas fundamentales en que lo dividimos.