viernes, 31 de mayo de 2013

Conocer Sevilla.


En la entrada del 6 de marzo de este año escribía sobre los talleres de "Conocer Sevilla" impartidos desde los Centros Cívicos del Ayuntamiento y a los que asistí entre 1997 y 2001. Para no aburrir a los lectores, solo voy a contar tres curiosos detalles que normalmente pasan desapercibidos para la mayoría de los visitantes, pero que nosotros tuvimos la oportunidad de conocer gracias a la amabilidad y preparación de nuestros guías, jóvenes licenciados en Historia del Arte.


Puertas acodadas.- En en siglo XII, constituida en capital del Imperio Almohade, Sevilla vivió su mayor periodo de esplendor, alcanzando su núcleo urbano la máxima extensión amurallada. Las puertas de esas murallas eran acodadas, o sea, dobles y dispuestas como sistema defensivo en ángulo recto, evitando así por ejemplo, que una hueste de caballería pudiera irrumpir en el interior de la ciudad. Pero con la llegada de la pólvora y las armas de fuego, tal diseño dejó de tener sentido, puesto que los muros podían ser derribados a distancia. Entonces el amurallado se acondicionó como baluarte para, en caso de asedio, poder responder al ataque con el mismo material de guerra.

Ya el el siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, se derribaron la antiguas puertas con la excepción de la llamada de Córboba, que aún continúa en pie, y se construyeron unas nuevas, suntuosas y funcionales para el tránsito de personas y carruajes. Pero en el siglo XIX, y a causa de los planes de ensanche de la ciudad, como supongo que sucedió en otras localidades españolas, no se les ocurrió a los munícipes de la época otra cosa que derruir la casi totalidad de las murallas, sin respetar siquiera aquellas magníficas puertas, salvo la del Postigo del Aceite y el llamado Arco de la Macarena. Tal barbaridad privó a Sevilla de un importante conjunto arquitectónico. Esas antiguas puertas solo se conocen en la actualidad por fotografías o maquetas, aunque las zonas urbanas donde se erigían conservan sus nombres originales, como por ejemplo: Puerta Real, Puerta de Jerez, Puerta de la Carne, Puerta de Carmona o Puerta Osario entre otras.


El Alcázar.- Debajo de la cornisa de la puerta de entrada al palacio de Pedro I, el Cruel (o el Justiciero, según sus partidarios), por el Patio de la Montería, hay una cartela de la época donde figuran los datos de la edificación, que se remonta al año 1402, pero tal fecha se refiere a la Era Hispánica o del César que regía entonces, pues la Corona de Castilla, a la que pertenecía el Reino de Sevilla, no se ajustó a la aún vigente Era Cristiana hasta 1421. Para hacerlo, restaron  los 38 años que había de diferencia entre una y otra, volviendo a 1383, por lo que ese 1402 se correspondía con el 1364, según la nueva forma de contar los años. Curiosamente, hubo un momento en la Historia donde por ejemplo, en Sevilla decían vivir en 1402 y en Zaragoza en 1364, pues el Reino de Aragón se sumó antes que el de Castilla a la Era Cristiana. Y para qué hablar del Reino Nazarí de Granada, que contaban los años por la Era Islámica. Espero haberlo explicado bien.

Convento de Santa Paula.- En el compás de este convento de Monjas Jerónimas desde su fundación en el siglo XV, hay una portada ojival por donde se accede a la iglesia, construida con hiladas alternadas de ladrillos bicolores y decorada con bajorrelieves y bella azulejería, obra del ceramista italiano Niculoso Pisano. Bajo la ojiva y labrado en mármol, se muestra el escudo de los Reyes Católicos acompañado por las inscripciones de su lema y símbolos.
La curiosa y significativa diferencia de este escudo de 1504 con respecto al actual, radica en que faltan las cadenas que representan el Reino de Navarra, ya que este territorio no formó parte de la Corona hasta 1512; pero en cambio sí figura el Reino de Sicilia, que entonces pertenecía a la Corona de Aragón.


Azulejos cevantinos.- Por una reciente visita al convento de Santa Paula ya comentado, he considerado oportuno citar el azulejo situado en una mansión situada frente al mismo, donde puede leerse que allí moraron Isabela y sus padres, personajes de una de las Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes: "La española inglesa". En realidad estos azulejos, a la vista de cualquier paseante, son muy abundantes en la ciudad y están repartidos por los distintos edificios y lugares céntricos que Cervantes mencionó y utilizó como escenarios en buena parte de su obra literaria.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Endoscopia



Es esta una entrada imprevista, extraña a la trayectoria de este blog, pero que considero oportuna incluir, por si mi caso sirve de experiencia y remedio a otras personas que puedan sufrir la misma dolencia. Se trata de un reciente quebranto personal de salud poco habitual, al menos yo no conocía ningún antecedente, que paso a relatar a continuación.

Al mediodia del pasado viernes día tres, me deleitaba yo comiendo un exquisito puchero, que llamamos en Sevilla a una combinación de sopa de fideos con algunos garbanzos como primer plato, y un segundo con la popular pringá.  En ese caso, ésta última estaba compuesta por carne de ternera y de pollo, tocino y jamón. La estaba ingiriendo cuando noté unas repentinas molestias al beber y unas náuseas  que me precipitaron a vomitar.

Desde ese preciso momento comenzó mi suplicio y la preocupación de mi mujer, que persistió hasta el martes día siete, cuando recurrimos al Servicio de Urgencias del Hospital Virgen del Rocío. En todo ese tiempo no pude ingerir ningún tipo de alimento, incluso el agua era vomitada. Al final solo toleraba unas pequeñas dosis de agua con limón y bicarbonato, pero siempre sufriendo un dolor en el esófago que se extendía hacia el lado izquierdo. La visitas previas al médico de urgencias del centro médico que me corresponde o al titular de familia, no sirvieron de nada. Durante esos días sufrí el martirio del hambre, la sed y el dolor.

Desde que nos personamos en el Virgen del Rocio fuimos tratados con amabilidad y eficiencia por parte de su plantilla, desde la persona que nos atendió en Admisión hasta los médicos protagonistas de mi cura. Cuando me atendió el especialista en aparato digestivo y respondí a sus preguntas, ya intuyó de qué se trataba. Me dijo que había corrido un serio peligro e inmediatamente solicitó una analítica de sangre, que me pusieran una vía intravenosa y me hicieran una radiografía de la parte superior del cuerpo. Recibidos los resultados dictaminó que me hicieran una endoscopia.

Conocido el informe, en la sala de endoscopias me recibieron amablemente y con humor: ¡Vaya con el jamón! y seguidamente me tumbaron de lado en una camilla y una enfermera me anestesió la garganta con un aerosol. Bueno, me dijo que sabía mal, pero que no me iba a dormir, solo quedaría un poco "atontolinao", a lo que respondí que ese era mi estado habitual, por lo que riendo me contestó que entonces sería necesario aplicar una dosis mayor.

Se personó un cirujano antes de que me introdujeran la sonda por la boca para dirigir la operación, quien de nuevo me consultó los detalles y desde cuando estaba así. Cuando le dije que desde el pasado viernes, porque apuré al máximo para darle a urgencias su sentido, me respondió que ¡eso era una urgencia! y que corrí el riesgo de una perforación de esófago y hubiera entrado en estado crítico. Triste recuerdo y experiencia, ya que mi nietecita Victoria falleció en el 2011 a los ¡20 meses! por fisuras en el esófago en una prueba quirúrgica

¡Que adelantos! Comenzó el sondeo y yo veía en pantalla la exploración interna y cómo un bolo alimenticio me obstruía el estómago, tuvieron que extraerlo por la boca en tres molestas y seguidas sesiones. En la última, si una enfermera no me coge las manos me saco el aparato de la boca. Nada más terminar me dijeron ¡ya puedes hacer vida normal!. Me sentí renacer. Supongo que si a quienes continuan dormidos tras una operación trasladan siempre a la llamada sala de despertar, a mí que solo estaba "atontolinao", me llevarían a la de "desentontolinar". Pasó por allí el cirujano y me salió de dentro decirle: ¡Son ustedes unos artistas!.

Enseguida entró mi mujer y fue emocinante, pues después de varios días de sufrimiento con esos síntomas toda la familia pensaba en un caso de gravedad y al final todo quedó en una larga pesadilla. La parte positiva es que perdí casi cuatro kilos por la forzada dieta y que me vi en pantalla el esófago, el estómago y hasta el duodeno, órganos todos que no precisan reparación. De negativo tiene que ahora como bajo vigilancia intensiva, cada vez que pruebo bocado, mi mujer salta con un: ¡Mastica!. Sí, ya tengo cuidado, porque no apreciamos el martirio que significa no poder beber ni un vaso de agua a gusto, que fue lo primero que hice cuando tuve ocasión.

En la página WEB de Virgen del Rocio hice constar nuestro agradecimiento, porque entiendo que lo mismo que se denuncian (y debe hacerse) los casos de incompetencias médicas, también es justo elogiar la profesionalidad, como ha sido el caso de mi estancia e intervención allí.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Monasterio de Sto. Domingo de Silos, 2



Una vez en el pueblo nos entretuvimos con alguna compra o paseo hasta la hora de comer, que ese día haríamos en un restaurante. Era debido a que por alguna causa excepcional, también  la comunidad de monjes tenía una comida de confraternidad en el exterior. Aprovechando que eramos muy pocos hospedados en esa fecha, nos lo había pedido previamente el hermano Moisés, quien nos indicó que quedaría abierta la puerta pequeña de la hospedería, a fin de que tuvieramos libertad de entrar y salir durante su ausencia.

Después de comer, mi amigo y yo entramos en el monasterio, pero antes de subir a nuestras celdas pensamos permanecer un rato en la zona porticada, pues sabíamos que las circunstancias de contemplar ese claustro románico de doble planta en su soledad y silencio, con su esbelto ciprés que llaman el Dedo de Dios, nevado y nevando, serían irrepetibles para nosotros (al menos para mí lo han sido y ya han pasado ¡17 años!). Recuerdo que comentabamos que la experiencia resultaba sobrecogedora, por la profunda sensación de paz interior que recibiamos, no exenta de cierta angustia.
  
Yo acudía con frecuencia a los oficios religiosos por el simple gozo de escuchar en directo el Canto Gregoriano. Como el templo donde se entona el mismo estaba en el lado opuesto de la zona de hospedaje, una noche avanzaba yo en solitario por un amplio pasillo interior con idea de asistir a Completas, el último ritual de la jornada, que tiene lugar desde las 21,30 a las 22 horas, oficio que me gustaba especialmente por su intimidad, ya que solo estaban presentes los monjes y algún residente. En el trayecto comprobé que las luces se iban apagando a mi espalda y a la vez se encendían a medida que avanzaba. Como contraste a las horas diurnas durante las que puedo llegar a ser incluso atrevido, como en el recorrido por el Desfiladero de La Yecla que contaba en el capítulo anterior, la combinación de la oscuridad, soledad y silencio, me hacen sentir un miedo irrefrenable, para qué negarlo. En esa situación dudaba entre seguir o regresar a la celda, pero como la distancia ya era más o menos la misma, decidí continuar. El momento crítico fue cuando aparecí en el solitario claustro, que estaba nevado e iluminado con una luz tenue. Lo crucé corriendo sin volver la vista a ningún lado y llegué por fin a la iglesia. ¡Qué alegría sentí al encontrarme en la compañía de los monjes! Hasta ese canto un tanto lúgubre y más a esas horas, me resultaba tan alegre como unas sevillanas. Ya esperé para regresar en silencio con ellos, pues algunos tenían sus celdas próximas a las nuestras.

Quizá porque el deleite de escuchar de nuevo ese canto fuera superior al miedo que sentía al tener que cruzar otra vez el recinto en solitario después de la cena, o porque fuera acompañado, que es lo más posible aunque no lo recuerde,  lo cierto es que a la noche siguiente repetí la experiencia. Tampoco me explico por qué llegué o llegamos tarde, cuando ya los monjes venían de recogida por los porticados del claustro, desfilando en silencio, con la capucha echada, la cabeza baja y los brazos cruzados dentro del oscuro hábito para protegerse del intenso frío. Escena imponente que me recordó de inmediato la película "El nombre de la rosa".

Cuando terminaron aquellos días de temporal, dejó de nevar y las carreteras se hicieron más seguras para el tráfico, mi amigo y yo nos despedimos de algún compañero de alojamiento, del amable monje que nos servía la comida y con un mutuo y afectuoso abrazo del bondadoso hermano Moisés, quién nos despidió en  el portalón de la hospedería y la zona de cultivo. Fue entonces cuando emprendimos el camino de retorno a Sevilla, dejando atrás una vivencia inolvidable.

Desde aquella experiencia, recuerdo a veces al tan citado hermano Moisés, sobre todo porque nos dijo en una ocasión que él era ¡FELIZ! (además  lo parecía) con la vida que había elegido, austera, disciplinada y dedicada a la oración y al trabajo (Ora et Labora, el lema de su orden). Afortunado él, que de alguna forma, había alcanzado la meta de todo ser humano.



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miércoles, 17 de abril de 2013

Monasterio de Sto. Domingo de Silos, 1


Por los motivos que anunciaba en un relato anterior, llegué al monasterio en febrero de 1996 pero, finalmente, no lo hice solo como había previsto; sino que me acompañaba un amigo (Paco Enrique) que acababa de superar una enfermedad crítica y había "renacido" con un acusado sentimento místico que, (no lo digo con ánimo peyorativo), lo decidió a sumarse a mi proyecto. Nos recibió el monje hospedero, el hermano Moisés, el mismo que tan amablemente atendíó mi previa llamada telefónica para la reserva de plazas. Él fue quien nos mostró las celdas, equipadas de forma sencilla pero confortables. Disponían de cuarto de baño y estaban dotadas de calefacción y de doble cristal en la ventana para combatir los crudos inviernos de la alta meseta castellana. Incluso había una especie de mesa de estudio con luz de flexo, para aquellas personas que se retiraban allí para hacer trabajos o estudios aprovechando la paz y tranquilidad del lugar. El hermano Moisés nos informó también de las normas de comportamiento que habíamos de seguir:

A.- Desde las diez de la noche, cada uno debía estar en el interior de su celda y en  silencio. Norma estricta que verificaban llamando por teléfono y colgando después de recibir respuesta.

B.- Era necesaria la puntualidad a la hora de las tres comidas y si, como excepción, algún día lo hacíamos fuera, era necesario avisar con la antelación suficiente.

C.- Corría por nuestra cuenta hacernos la cama y adecentar el aposento, con los artículos y utensilios de limpieza dispuestos en una estancia próxima.

Aparte de observar estas normas, éramos libres de entrar y salir a nuestro antojo. También podíamos asistir a sus oficios religiosos, donde entonaban el Canto Gregoriano, que por aquellas fechas era muy conocido a nivel popular, precisamente por el resonante éxito de los discos grabados por esos monjes bededictinos.

Como el viaje lo hicimos en el coche de mi amigo, aprovechamos los primeros días para visitar la comarca, por ejemplo Salas de los Infantes, Covarrubias, población con interesantes monumentos, considerada la Cuna de Castilla, y las importantes ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza. Pero después, llegó un fuerte temporal de nieve que impedía o dificultaba la circulación, así que nos desplazabamos a pie por los alrededores.

Después del desayuno, en una de esas excursiones, nos llegamos andando al desfiladero del Parque Natural de la Yecla, que dista unos tres kilómetros del monasterio. Se trata de un angosto y profundo cañón con paredes rocosas, casi verticales, que en algunos tramos llegan a estrecharse casi hasta los dos metros y por cuyo fondo fluye un arroyo. Fijada a la pared más próxima a la carretera, discurre una pasarela de hierro, de unos seiscientos metros de longitud. Cuando llegamos, observé en la misma un reciente recorrido de pisadas de alguien que nos había precedido, que despertaron mi espíritu aventurero y decidí seguir adelante.  Mi amigo me siguió y comenzamos a avanzar agarrandonos a la barandilla. En algunos momento la ventisca nos azotaba con intensidad, sobre todo sentiamos el frío en la cara y las manos, pues aunque bien abrigados, no íbamos equipados con guantes ni pasamontañas, pero esa sensación, paradójicamente, en lugar de hacernos retroceder, nos causaba un efecto vigorizante y nos servía de acicate para terminar el camino. Por fin salimos de allí y mientras caminabamos de regreso, a pesar del tiempo, nos sobrevolaban numerosos buitres, pues existía una importante colonia de esas aves carroñeras que alimentan en comederos próximos, donde les arrojan los animales muertos en las granjas cercanas. Antes de llegar al pueblo nos encontramos con unos hombres, quienes nos preguntaron de dónde veniamos con aquel temporal de nieve. Enterados de nuestra  "hazaña", se quedaron atónitos y nos comentaron que si hubiéramos tenido algún accidente, no hubiéramos recibido socorro alguno, pues nadie iba a suponer en el pueblo a alguien recorriendo  el desfiladero en un día como aquel. Cuando le dije que alguna persona lo hizo antes, me respondieron que  entonces estabamos tan locos como quien nos precedió. La verdad es que, bien pensado, fue una temeridad.

Como no deseo hacer pesada la lectura y aún me queda tema por contar, lo haré en una próxima entrada, así que: Continuará..
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P.D.  Las fotos son de escasa calidad porque mi amigo adquirió una camara solo para la ocasión, ya que olvidamos las nuestras en Sevilla. Por ello y por mi impericia en el manejo de la misma, me centré más en que saliera el ciprés en toda su dimensión, sacrficando la belleza de la perspectiva del claustro. 



miércoles, 3 de abril de 2013

El ordenador



Creo que esta entrada debió iniciar el blog ya que las vivencias y anécdotas personales de que trata las vengo ordenando de manera cronológica y sin esta herramienta, no hubiera sido posible; pero ya que no fue así, no procede dejarla como broche de oro para darlo por finalizado, puesto que tampoco tengo prevista una fecha determinada para ello. Por tanto, cualquier momento puede ser válido para introducir este relato a modo de "cuña", entre cualquier capítulo y el siguiente. Hoy puede ser un gran día, como dice admirado Serrat en una de sus canciones.

Mi primer contacto con el mundo de los ordenadores o computadores, como también se decía entonces, se remonta nada menos que a 1967, cuando ingresé en S. A. Echevarría, empresa que ya contaba en su oficina central de Bilbao con un departamento de informática que requería una estancia de grandes dimensiones para albergar aquellos enormes aparatos. Después, cuando el 1972 me trasladé allí para trabajar, comencé una estrecha colaboración con mis compañeros de ese departamento, para mecanizar una serie de trabajos que aún se venían desarrollando manualmente. Me informaron como anécdota que, una de las primeras labores informatizadas fueron las nóminas, lo que generó un notorio descontento generalizado en los hombres, puesto que ya no les era posible su manipulación, por ejemplo en trabajos extras y así poder "requisar" algún dinero para sus gastos particulares.

El uso de ese moderno medio de trabajo ya me fue próximo y lo utilicé desde entonces, conociendo toda su evolución hasta las pantallas individuales dotadas ya con ratón como una mejora para su manejo pero, curiosamente, desde mi pronta prejubilación me negué tercamente a incorporarme a su uso doméstico, por entender que perdería con ello la libertad de mis ratos de ocio y acortaría mis horas de lectura.
Pero por una parte mi cuñada Gloria, sabedora de mi constante afán por adquirir conocimientos e influenciada por su marido (Eduardo), entendido en el mundo cibernético y por otra, mi sobrino Manolo, me insistían una y otra vez en que me incorporaba  de nuevo a este medio de consulta, organizativo y de comunicación ya mucho más avanzado que el que yo conocí. Pero ni por esas, a sus razonamientos yo oponía mi contumaz negativa por las razones antes expuestas.

Pero mira por dónde se confabularon con  mi mujer (Asun), para que ésta le pidiera a los "Reyes Magos" de 2012 un ordenador, ¡precisamente para mí!. Su pretensión no era otra que facilitarme las consultas surgidas de la lectura en vez de utilizar la enciclopedia y los "Reyes" le hicieron caso porque fui bueno durante el año anterior.  En cambio yo, apenas inciada la desenvoltura del regalo, imaginando por el formato de qué se trataba, comencé con mi tradicional retahíla de protestas: "Yo no he pedido esto. Tendré que hacer un cursillo de aprendizaje. Perderé libertad. Lo siento, pero sería mejor cambiarlo por otra cosa..." En esto que terció mi sobrino antes citado, ofreciendose a enseñarme a domicilio, ya que es usuario de estos medios a nivel profesional y particular y además vive muy próximo a mí. Bueno, eso de tener un "profe" en casa y además gratis ("Gratis, cueste lo que cueste", como dice mi amigo Coy), terminó por convencerme. Las clases comenzaron por las tardes a partir del día siguiente. Primero comenzó con el manejo del aparato y organización de los archivos, para llegar después a la conexión con internet. La sesiones de aprendizaje fueron épicas:

"Mira... ¡pon atención!" y yo, como de costumbre con la mente en las nubes... "Eeeeh, ¡que es a ti!"... "Ah, perdona, ¿qué me decías?"... "¡En qué coño estarás pensando!"... "Observa, pulsas aquí y se enciende... Esperaaaa, no seas impaciente, que está cargando. Ahora, ves... pues pincha con la flechita en esa figurita... Arrastra, ¡cojones!, arrastra... Pincha en ese recuadrito y abre una nueva pestaña, eso... Ahora corta y pega.."..  "Bueno, pero yo tengo que apuntar, que si no se me olvida"... "¡Qué nooo!, que todo es una rutina, que lo que tienes que hacer es practicar"... "Pues yo apunto"... "Pues apunta tú si quieres, ¡cabezón!"...

 Así un día y otro hasta que llegó Internet: "Clicas en esa tecla y te sale el GOOGLE. ¡Ea!, ahí puedes consultar todo lo que te salga de los mismísimos. Que quieres ver imagenes, escuchar canciones... , pues pincha en YOU TUBE. Que quiere el nene ver su pueblo, pues clicas con la flechita en MAPS, ¿lo ves bellotero, lo ves?, ¿qué quieres ver la casita donde vivías de niño?, pues nada, arrastra el muñequito y vas enfocando con la ruedecita del ratón.  Así nooo, ¡así, joder!"... El tono iba subiendo, hasta alcanzar tal volumen de decibelios que estoy seguro que infringiamos las leyes establecidas. Mi mujer desaparecía de escena con sigilo. Todo debido, por  una  parte, a lo que suele ocurrir, cuando el experto considera que el alumno debe entender a la primera lo que él cree elemental y por otra, si es precisamente el  pupilo, como fue mi caso, quien piensa tercamente que el sistema debe funcionar de determinada manera y no como lo hace en realidad.

Todo lo anterior solo es anecdótico, pues el resultado final es que de escéptico, incluso reaccionario contra el ordenador "casero"  me convertí en entusiasta de este medio que ahora considero sorprendente y como mágico. Incluso me he metido en la "aventura" de mantener ¡un blog propio!, algo que, como repite con frecuencia mi mujer, ella no podía imaginar... ¡ni yo tampoco!. Ahora soy un "criticao" más en  la vida doméstica por el tiempo invertido delante de la pantalla, que es cierto que  pasa de una forma fugaz. Pero además, para mayor satisfacción propia, he comprobado que es  compatible con los ratos de ocio que yo temía perder. En todo caso, solo en ocasiones, he acortado el tiempo dedicado a la tradicional lectura nocturna. Siempre agradeceré a mi sobrino Manolo sus clases y a todos cuantos insistieron que, con esta actividad, hayan dado vida a mis años. 

P.D. La foto de cabecera muestra el equipo de aprendizaje y la ubicación provisional


miércoles, 20 de marzo de 2013

Sevilla, 3 (Segunda parte)



Separación.- Este blog se fundamenta en el relato de vivencias y anécdotas ocurridas a lo largo de mi ya larga y variada vida, con las pinceladas de humor que permite mi corto ingenio, pero sin rebasar en lo posible los límites de mi vida íntima. Si en este caso y como excepción me salgo de esa línea y hablo de mi separación, no es sino porque esta se deduce por cuanto lo que ahora estoy contando y además quedará clara en una próxima entrada que no considero oportuno omitir. Eso sí, trataré el tema de forma un tanto superficial.

La ruptura matrimonial se produjo inevitablemente poco después de mi regreso de Alemania en julio de 1998, pero estoy convencido que, al final, fue la solución más conveniente para todos los miembros de la unidad familiar, aunque no me resultase satisfactorio el "acuerdo" adoptado, pero no voy a entrar en maniqueísmos de buenos y malos. Tampoco guardo rencor. Son cosas que pasan... Vamos a dejarlo así. Aunque para darle un punto de humor añadiré que, la mudá desde el anterior domicilio la hicimos mi sobrino José Antonio y yo en ¡solo dos portes! con su furgoneta Citroen C-15 Él como conductor y ayudante.

En todo caso, sí guardo agradecimiento a los familiares y amigos que, de forma incondicional, me apoyaron en aquellos momentos, principalmente a mis hijos, Francisco Javier y Rosa, puesto que resultaron los más afectados después de los "protagonistas". Mi hija tomó una valiente decisión en el último momento. Mi hijo estaba ausente en esos días, pero no entraré en detalles para no faltar a mi propósito de escribir lo indispensable sobre mi vida íntima. En su honor sitúo sus fotos en la cabecera de este capítulo.

A este caso, por ejemplo, me refería en el capítulo anterior en cuanto a la ventaja de contar con tiempo libre para resolver asuntos propios por mi temprana prejubilación. De otra forma,  lo normal es que estos procesos afecten hasta al rendimiento laboral.

Taller de cocina.- A consecuencia de la situación personal antes apuntada, me vi precisado de adquirir conocimientos de cocina, aunque fueran rudimentarios, algo que también contaré en un nuevo capítulo.

Universidad.- Como ya explicaba el 15-11-12 en la entrada Aranjuez, 2,  pertenezco a una generación en la que la inmensa mayoría de los españoles y españolas, nos vimos obligados a abandonar la enseñanza a edad temprana, aún teniendo vocación estudiantil, como era mi caso, para incorporarnos al mundo laboral y así poder ganar el dinero suficiente, al menos para cubrir nuestras propias necesidades. Todavía pagabamos las consecuencias de la horrible Guerra Civil.

Desde entonces, mi formación fue autodidacta, reforzada por la constante lectura,  por algunos estudios en mi larga etapa en la Marina y finalmente, potenciada por un buen puesto de trabajo con  muchas y variadas relaciones. Por todo ello, cuando me enteré que la Universidad de Sevilla ofrecía el ingreso en la llamada Aula de la Experiencia a las personas interesadas a partir de 55 años y tras superar un examen no demasiado exigente, no dudé en incorporarme al mundo universitario. Aprobada la prueba, traspasé sus puertas. Sentí en aquel momento  como si se hubieran hecho realidad mis sueños infantiles.

El recibimiento que nos hicieron en el Aula Magna en el año 2000 fue solemne, incluso un grupo de jóvenes estudiantes nos entonó el "Gaudeamus igitur".  Supongo que el Rector, sabedor de que una parte numerosa de los presentados fuimos estudiantes frustrados, por la causa antes explicada, nos recompensó  diciendonos que entrabamos por la "puerta grande" y que nos impartiría las clases el mismo cuadro de profesores y catedráticos asignados a los  estudiantes de las carreras universitarias normalizadas. Y así fue.

Nuestro ciclo constaba de tres cursos, con un determinado número de horas dedicadas a diferentes materias, una especie de popurri, desde Derecho hasta Biología, por ejemplo. No teníamos exámenes y para mayor facilidad, no era necesario tomar apuntes de forma regular, porque podíamos adquirir fotocopias de las lecciones. Se supone que quienes asisten a esas clases con tal edad, no persiguen otra meta que ampliar sus conocimientos. Aseguro que, el aprender por aprender, resulta una auténtica gozada, al menos lo fue para mí. Tal es así, que desde que terminé en el 2003, sigo vinculado a la Universidad, asistiendo a los llamados Talleres, cursos cortos y dedicados a diferentes materias. Los cinco últimos años los vengo dedicando al Taller de Inglés, para así continuar  mi antigua y obstinada lucha  con el apredizaje de esa lengua. Próximamente  escribiré sobre estas clases, que tan divertidas hace Chris, nuestra teacher londinense.

Viaje a Inglaterra y Francia.- Es este otro apartado que, por su extensión, desarrollaré en nueva ocasión.

Villanueva de Córdoba.-  No recuerdo el año con precisión, pero sé que fue aprovechando mi prejubilación cuando pasé unos días con mis primos Amalia y Castro, en esa población del Valle de los Pedroches. Las fechas sí puedo situarlas a finales de septiembre, porque visitamos la importante feria del cercano municipio de Pozoblanco, que se celebra por entonces.

Bueno, pues la narración de los temas surgidos de estas dos últimas entradas me servirán de entretenimiento para publicar futuros capítulos. Si la autoridad lo permite y el tiempo no lo impide.



miércoles, 6 de marzo de 2013

Sevilla, 3. (Primera parte)



Bueno, pues como anunciaba en la entrada anterior, desde el 1 de septiembre de 1982 y procedente de mi larga etapa bilbaína, me incorporé a mi puesto de trabajo en Sevilla. Tampoco aquí me voy a enrollar con la descripción de mi función laboral. Como es de suponer, las relaciones de trabajo en zona tan extensa exigían constantes viajes y pernoctas en las distintas  capitales de Anlalucía y Extremadura o en sus pricipales poblaciones. También periódicas reuniones en nuestra oficina central en Basauri  (Vizcaya) y a veces en las distintas capitales españolas donde contabamos con Delegaciones.

Todavía entonces, el Sector de los Aceros Especiales, al que yo pertenecía  y la siderurgia en general, venía renqueando en España, acusando los efectos de la llamada crisis del petróleo de 1973. Eran frecuentes las medidas de reajuste de plantillas y, finalmente, la fusión de varias empresas por disposiciones del Ministerio de Trabajo. A todo este reajuste fue a lo que se llamó Reconversión. Cuando los trabajadores en activo pensabamos que habían finalizado esos Expedientes de Regulación que habían englobado a miles de personas y que terminaron por afectar incluso a quienes cumplian solo 52 años, todavía se dispuso uno más en el que fui incluido. Como nací en diciembre, no quedé fuera por pocos días. De esa forma, con esa edad fui prejubilado tras algo más de 13 años de activa vida laboral de nuevo en Sevilla y un total de más de 28 en la empresa.

Pensarán: ¡Qué suerte quedar libre de obligaciones laborales con "tan pocos años" y poder dedicar todo el tiempo a la vida privada. Pero, al menos al principio, no era ese mi sentimiento (a pesar de que mi íntimo amigo Victoriano, sensiblemente más joven y con un puesto de trabajo altamente cualificado, me animaba diciendo que él, en mi situación, no dudaría en prejubilarse). Dudaba porque, la otra alternativa era poco atractiva y de cualquier forma sabía que, después de muchos años de  funciones técnico-comerciales, el entramado de numerosas relaciones humanas, con frecuencia amistosas, se derrumba cual castillo de naipes y el mundo social, salvo excepciones, queda reducido al entorno amistoso local y al ámbito familiar,  lo que produce una acusada sensación de vacío interior. Luego resulta que  te acomodas pronto a la nueva situación y valoras todo lo que ésta tiene de positivo (¡qué es mucho!). En mi caso aproveché ese cambio en mi vida para viajar, pero ahora de forma particular; resolver asuntos propios y realizar otras actividades que el horario laboral suele impedir o dificultar. Esas actividades fueron tan variadas que precisaré de esta y otra entrada para exponer las más representativas, incluso en algunos casos, serán precisos  nuevos capítulos para detallar las que requieran una mayor extensión. De esa forma pretendo que la lectura resulte menos tediosa y, al mismo tiempo, me procuro más entretenimiento para el futuro.

Despertador.- La primera actividad fue "jubilar" esa chicharra diabólica que tantas mañanas me martirizó, pues nunca fui ni soy madrugador, al contrario que Don Quijote. Tampoco creo que madrugar sea virtud alguna, como apunta ese refrán de: A quién madruga Dios le ayuda. ¡NO!, para mí la virtud consiste simplemente en cumplir con el deber, independientemente de la hora que éste lo exija y para eso estaba mentalizado desde niño, lo demás es solo cuestión de los biorritmos de cada persona. Si nos atenemos al proverbio anterior, parece que sigue: Pues uno que madrugó, una cartera se encontró. En ese caso, más madrugó el que la perdió y esa persona no contó con ayuda divina alguna, sino todo lo contrario.
Tampoco quiero dar una imagen de mí que parezca que duermo más que un lirón careto, pues con la lectura me dan las tantas de la noche, incluso a veces llega la madrugada.

Monasterio de Sto. Domingo de Silos.- Recién prejubilado, en febrero de 1996, tuve la necesidad de aislarme, de buscar una soledad deseada por unos días, que quizás sea la mayor libertad. Adquirí una publicación de Guías con Encanto (creo recordar que así se llamaba) y  tras barajar varias opciones pensé: ¿Qué lugar más apropiado que un monasterio?, pero uno donde no obligaran a hacer la vida litúrgica de los monjes desde las horas del alba. Fue elegido el de Sto. Domingo de Silos. El resultado final fue tan interesante, que la experiencia merece ser contada en entrada independiente.

Antiguo Sahara Español.- Como nunca consideré justa la solución que se dió en 1975 a la necesaria descolonización de ese territorio, colaboré en 1996 y años siguientes con la Asociación de Ayuda al Pueblo Saharaui. Incluso en el primer verano de esa participación, acordamos en familia acoger a un niño o niña saharaui. Nos asignaron a Mafod (Mahafud), un niño de 7 u 8 años. Esa temporada fue toda la familia la implicada.
Aquel niño ya será un hombre a quien deseo suerte como a todo su pueblo, el que un día, de alguna manera, formó parte del nuestro.

Conocer Sevilla.- El Ayuntamiento de Sevilla a través de los Centros Cívicos, creo que como ocurre en otras ciudades españolas, programaba (aún lo sigue haciendo) un amplio abanico de actividades de entretenimiento y formación, llamados Talleres, entre el otoño y la primavera, dirigidos a los ciudadanos interesados y que dispongan del tiempo libre necesario.  Yo me decidí por: "Conocer Sevilla" y completé ¡cuatro talleres!, desde 1997 a 2001.

Esos talleres consistían en alguna clase teórica en el Distrito, pero básicamente en visitar monumentos dos días a la semana por espacio de dos horas, guiados por un licenciado en Historia del Arte. Es tal el patrimonio artístico de la ciudad y tal el minucioso detalle explicativo del guía que, a pesar de tanta dedicación, aún me quedaron algunos lugares por visitar. Como testimonio, comentaré aparte solo dos detalles curiosos que aprendí en estas visitas.

Viaje a Alemania.- Tal como ocurrió el año 1996 con mi idea de aislarme unos días en un monasterio, nuevamente precisaba cambio de aires, pero en esta ocasión durante una etapa más prolongada y con apoyo familiar. De esa forma, en 1998 consideré  lo mas apropiado viajar a Alemania para convivir con mi sobrina Consuelo, hija de mi Chari, hermana a quien dediqué un capítulo de este blog cuando narraba sobre mi infancia, y con su marido Uwe, un alemán polifacético, trabajador, gran persona y con agudo sentido del humor.  Tenían ya su hijo, Christian, entonces un bebé al que comenzaban a salirle los dientes.

Esta familia mía vive en Karlsruhe en el Estado Federal de Baden-Wurtenberg, ciudad moderna y apacible, muy próxima a la zona que nosotros llamamos Selva Negra, región montuosa, con pintorescas poblaciones y extensos bosques y que ya conocía de una ocasión anterior. Recibí la mejor atención y permanecí con ellos durante ¡dos meses y medio!, desde finales de abril hasta mediados de julio.

 Cuánto recuerdo los viajes, por la mencionada Selva Negra, el Palatinado, Alsacia... ¡Ah... y lo que me gustaban las pequeñas salchichas de Heidelberg, servidas aún calientes en la misma sartén! Huyyy... se me olvidaba lo principal: las jarras de cerveza recién fabricada que espumaba así como espesa y turbia, servidas en las cervecerías Vogel de Karlsruhe y Ettlingen. ¡Siempre os tengo presentes!

Pero como hasta la jubilación estaba registrado temporalmente en el INEM, para poder llevar a cabo aquel viaje hube de sortear grandes escollos burocráticos, que es otro de los temas que requieren nuevo relato.

Bueno, pues... continuará.