viernes, 28 de junio de 2013
Estancia en Alemania. (Más burocracia)
Bueno, pues una vez superados los obstáculos burocráticos en España, llegué a Karlsruhe a finales de abril de 1998. Por la urgencia que requería regularizar mi situación, al día siguiente de mi llegada me personé en las oficinas de Arbeitsamt (equivalente alemán al INEM). Me acompañaba Matthias, un amigo de la familia con un admirable dominio del español, tanto hablado como escrito, quien, enterado de mi proyecto en su última y reciente visita a Sevilla, había reservado un día libre de trabajo para servirme de intérprete y gestor.
Todo el "papeleo" se desarrollaba con normalidad hasta que me solicitaron un Certificado de Residencia, expedido por la Policía Municipal, algo imprevisto y que me dejó angustiado, pues no era posible conseguirlo ese mismo día para dejar el asunto resuelto. El funcionario alemán, cuando me vio apesadumbrado, se apiadó de mí y respondió que, como conocía nuestro país y nos tenía aprecio, me firmaba bajo su responsabilidad. Gesto que siempre agradeceré a Herr Geiser, que así se apellidaba.
Pero aún no estaba todo resuelto, ¡no!. Era necesario disponer de una cuenta corriente, única forma de hacerme efectivos los pagos. Gestión que, en principio, nos pareció fácil. Solo era cuestión de acercarnos a alguna entidad bancaria y abrirla. Pero, ¡que va!, tanto bancos como cajas de ahorros se negaron a hacerlo en mi situación transitoria. Finalmente conseguimos que el banco donde disponía su cuenta nuestro amigo Matthias, admitiese en la misma los ingresos a mi nombre y luego éste me reintegrase el dinero. Nos llegamos de nuevo al Arbeitsamt y ¡por fin! todo quedó resuelto. Como ya estaba de buen humor le comenté al Herr Geiser que no se acordaran de mí para ofrecerme alguna labor pública o privada, porque sabía que, en determinadas ocasiones (no voy a profundizar en ello), los parados alemanes estaban obligados a aceptar. Me respondió con amabilidad que no me preocupase por eso, que en mi caso no lo harían y que tuviese una feliz estancia. ¡Muchas gracias señor!
Ultimadas las gestiones administrativas, incluido en las listas del paro, muy nutridas entonces por las secuelas de la reunificación y convertido en temporal ciudadano alemán, regresé junto a Matthias al domicilio de mi sobrina, su marido Uwe y su hijo Christian, entonces un bebé de escasos meses. Convivía con ellos armoniosamente en un piso pero, casualmente, poco después iniciamos la mudanza a una típica casa alemana en un complejo de viviendas similares. La casa estaba rodeada de extenso terreno, cubierto de césped, ajardinado y con árboles, algunos de ellos frutales (aún continúa siendo su domicilio). El interior de la vivienda estaba deteriorado porque llevaba algún tiempo deshabitada; pero entre Uwe, que es un experto profesional, y con la ayuda de su amigo Joachim, también muy habilidoso, junto con el trabajo contratado de un fontanero, la intervención de mi sobrina y mi colaboración en la medida de lo posible, conseguimos dejarla en perfecto estado de habitabilidad.
Una vez todo acondicionado viajabamos casi todos los fines de semana, para que yo conociera nuevos lugares o repetir más detenidamente donde ya había estado en 1993. Desde luego, esas rutas con personas que las conocen bien y dominan el idioma, es una autentica gozada. Especialmente por la amabilidad de Uwe y su sentido del humor. Su español, que no deja de ser fluido, resulta de lo más gracioso. Para amenizar este capítulo después de tanto relato burocrático, resumiré algunos de aquellos desplazamientos, diferentes a los ya comentados en la primera parte y en la entrada del pasado 6 de marzo.
-Friburgo.- (Freiburg).- En este solo caso viajé en tren con Matthias. Destaca su catedral gótica. Es una de las "puertas" de la Selva Negra. En el suelo, frente al Ayuntamiento, figuran los escudos de las ciudades hermanadas, entre ellos el de nuestra Granada.
-Estrasburgo.- Capital de Alsacia, en Francia, cuenta con una impresionante catedral gótica, aunque inconclusa, pues aún falta por construir una de las dos altas torres proyectadas. También visitamos la Petit France, bella zona con numerosos canales.
-Espira.- (Speyer).- A orillas del río Rin. Su catedral románica es una de las más importantes de Europa. En la plaza principal se erige una estatua en bronce de un peregrino del Camino de Santiago.
-Neustadt.- Pequeña ciudad con un bonito trazado. Su iglesia principal es compartida respetuosamente por los fieles luteranos y católicos.
-Baden Baden.- Contrasta como ciudad de balnearios y salas de juegos, con uno de los casinos más lujosos de Europa. Allí pasaba temporadas el escritor ruso Dostoyeski, por lo visto muy aficionado a la ruleta (sería por su condición de ruso).
-Fráncfort.- (Frankfurt) Paseamos por la zona central de esta populosa ciudad, donde se levantan numerosos rascacielos. Visitamos la casa natal de Goethe.
Me resultó curioso que, cuando me interesé por las famosas salchichas, me respondieron que no existía
ninguna clase específica de salchicha tipo Fránfort.
-Ruta de los Castillos.- Si en la entrada anterior recomendaba por su belleza paisajística el recorrido por la Selva Negra para después bordear el lago Constanza, este es otro itinerario admirable.
Viajamos por la carretera que discurre casi paralela por la margen izquierda del rio Rin. En el mismo sentido existe una vía férrea y otra carretera por la margen derecha. Por el caudaloso río navegan constantemente barcos de todo tipo. El trayecto forma un valle en cuyas laderas o a veces en la cima, se erigen numerosos castillos de bella arquitectura. Son abundante las vides en ese Estado de Renania-Palatinado, como también del que procediamos (Baden Würtenberg), región donde se producen los afamados vinos blancos del Rin, aunque en España no sean muy conocidos a nivel popular. De hecho, a mi me extrañó contemplar tanta extesión de viñedos y su perfecto orden y alambrado.
Terminamos el viaje en Coblenza (Koblenz), ciudad donde el río Mosela desemboca en el Rin, formando un pico que llaman la Esquina de Alemania, donde se levanta una enorme estatua en bronce a Guillermo el Grande. Quedé admirado al ver atracados varios barcos de lujo. Uwe me informó que los pricipales ríos de Europa son navegables, incluso muchos de ellos se entrelazan de forma natural o por canales, por lo que son posibles los cruceros interiores, visitando importantes ciudades y salir, por ejemplo, al Mar Negro por el Danubio, al Mediterráneo por el Ródano o al Atlántico por el Rin.
A la ida paramos a comer en un restaurante situado justo frente a los riscos de la otra orilla del río, donde se sitúa la estatua en bronce de Lorelei, la ninfa que según la leyenda o mitología germana vivía en el fondo, pero en las noches de luna entonaba bellas canciones desde ese paraje, atrayendo fatalmente a los remeros cuyas embarcaciones zozobraban entre salientes rocosos. Hubo una excepción (por amores), como corresponde a estas historias.
Como anunciaba en la entrada anterior, yo pensaba que para contar aquella experiencia solo precisaría de dos capítulos, pero compruebo que me equivoqué, que el asunto da mucho más de sí, pués considero de interés, al menos para mi propio entretenimiento, escribir sobre los detalles que más me llamaron la atención de las contumbres sociales del pueblo alemán. Es por ello que, para no extenderme en demasía en cada relato y terminar por agotar o aburrir a los lectores, además del anterior, precisaré de éste y dos capítulos más, el doble de los previstos. Así que hasta pronto.
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martes, 18 de junio de 2013
Viaje a Alemania (Con la burocracia topé)
Corresponde ahora contar principalmete los escollos burocráticos que, por estar incluido en las listas del INEM, hube de sortear para poder viajar a la ciudad alemana de Karlsruhe en 1998. Para no hacer tediosos estos relatos los dividiré entre ésta y la siguiente entrada y además, para restar algo de aridez al asunto, he decidido ampliar algunos recuerdos de mis estancia allí con respecto a lo publicado el pasado día 6 de marzo, así como referirme a mi anterior visita de 1993.
Previo al traslado, me presenté en la oficina que me correspondía de ese organismo, para solicitar al funcionario encargado del sellado de las tarjetas de desempleo que, en mi caso, demorara la fecha fijada para mi siguiente comparecencia, puesto que pensaba estar ausente de Sevilla una larga temporada. Como suponía, me contestó que no entraba en sus atribuciones hacer excepción alguna, pero amablemente me desvió, dentro de la misma oficina, hacia otro empleado con mayor rango laboral.
Pues bien, me entrevisté con la persona indicada quién me preguntó dónde pensaba viajar, para tratar de gestionar el control en otra ciudad, pero cuando le dije que pretendía trasladarme a Alemania, se opuso de forma terca y me advirtió que si lo hacía y lo detectaban, perdería la prestación económica, pues yo estaba obligado a presentarme ante cualquier llamada imprevista del INEM. En aquel momento consideré oportuno marcharme sin entrar en polémica. Pero se trataba solo de una retirada, no de una derrota.
Al día siguiente me tenía de nuevo delante de él, pero en esta ocasión documentado con una copia de Expediente de Regulación de Empleo, acordado con el Ministerio de Trabajo, del que el INEM dependía y datos para demostrar que yo estaba incluido en el mismo. Le razoné que no tenía sentido que, por una parte, estuvieramos apartados de la vida laboral con la obligatoriedad de no ocupar ningún otro puesto de trabajo y por otra, nos entregasen una ¡TARJETA DE DEMANDA DE EMPLEO!, que estabamos obligados a sellar periodicamente. Pues nada, no se avenía a razones, parecía como si envidiara que me pudiera permitir unas vacaciones de ese tipo y pensara: ¡Jódete que no te vas a Alemania!. Pero supongo que no contaba con mi obstinación.
Me dirigí directamente a la Oficina Central de ese organismo en Sevilla, para hacer la gestión oportuna ante el máximo responsable de ese negociado, que resultó ser una joven y eficiente mujer, quien consideró razonable mi argumentación pero... tampoco ella podía alterar mi fecha de comparecencia para el sellado de la dichosa tarjeta. Eso sí, me propuso dos alternativas para poder realizar mi proyectado viaje:
Alternativa A.- Dejar constancia que marchaba para estudiar, por ejemplo el idioma, y a la vuelta solicitar de nuevo el ingreso en el INEM. Al principio me pareció una idea aceptable, pues pensé que podía gestionar el alta en alguna academia y pedir la baja al regresar. Estaba seguro que en el INEM no me iban a examinar. Pero esto resultó tener una importante parte negativa: Que no me pagarían la parte correspondiente al desempleo durante mi tiempo de ausencia. Opción rechazada.
Alternativa B.- Como se trata de un Estado dentro de la Unión Europea, me podía hacer los trámites para trasladar mi expediente de forma temporal al organismo equivalente en Alemania (Arbeitsamt), y allí me pagarían durante mi permanecia. Se habían dado ya casos similares. Asimismo, de forma inversa.
Considerada como aceptable la opción B, recogí la documentación precisa y el 26 de abril del año citado emprendí de nuevo el camino a Alemania, país que como antes comentaba, ya había visitado en 1993 durante unos 15 días. En aquella ocasión, entre otros muchos recorridos, viajamos a lo largo de la Selva Negra. Rodeamos después el extenso lago Constanza y teniendo como telón de fondo el panorama de los Alpes, entramos en Austria (Bregenz) y Suiza (Saint Gallen). Ruta realmente recomendable a cualquier viajero.
viernes, 31 de mayo de 2013
Conocer Sevilla.
En la entrada del 6 de marzo de este año escribía sobre los talleres de "Conocer Sevilla" impartidos desde los Centros Cívicos del Ayuntamiento y a los que asistí entre 1997 y 2001. Para no aburrir a los lectores, solo voy a contar tres curiosos detalles que normalmente pasan desapercibidos para la mayoría de los visitantes, pero que nosotros tuvimos la oportunidad de conocer gracias a la amabilidad y preparación de nuestros guías, jóvenes licenciados en Historia del Arte.
Puertas acodadas.- En en siglo XII, constituida en capital del Imperio Almohade, Sevilla vivió su mayor periodo de esplendor, alcanzando su núcleo urbano la máxima extensión amurallada. Las puertas de esas murallas eran acodadas, o sea, dobles y dispuestas como sistema defensivo en ángulo recto, evitando así por ejemplo, que una hueste de caballería pudiera irrumpir en el interior de la ciudad. Pero con la llegada de la pólvora y las armas de fuego, tal diseño dejó de tener sentido, puesto que los muros podían ser derribados a distancia. Entonces el amurallado se acondicionó como baluarte para, en caso de asedio, poder responder al ataque con el mismo material de guerra.
Ya el el siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, se derribaron la antiguas puertas con la excepción de la llamada de Córboba, que aún continúa en pie, y se construyeron unas nuevas, suntuosas y funcionales para el tránsito de personas y carruajes. Pero en el siglo XIX, y a causa de los planes de ensanche de la ciudad, como supongo que sucedió en otras localidades españolas, no se les ocurrió a los munícipes de la época otra cosa que derruir la casi totalidad de las murallas, sin respetar siquiera aquellas magníficas puertas, salvo la del Postigo del Aceite y el llamado Arco de la Macarena. Tal barbaridad privó a Sevilla de un importante conjunto arquitectónico. Esas antiguas puertas solo se conocen en la actualidad por fotografías o maquetas, aunque las zonas urbanas donde se erigían conservan sus nombres originales, como por ejemplo: Puerta Real, Puerta de Jerez, Puerta de la Carne, Puerta de Carmona o Puerta Osario entre otras.
El Alcázar.- Debajo de la cornisa de la puerta de entrada al palacio de Pedro I, el Cruel (o el Justiciero, según sus partidarios), por el Patio de la Montería, hay una cartela de la época donde figuran los datos de la edificación, que se remonta al año 1402, pero tal fecha se refiere a la Era Hispánica o del César que regía entonces, pues la Corona de Castilla, a la que pertenecía el Reino de Sevilla, no se ajustó a la aún vigente Era Cristiana hasta 1421. Para hacerlo, restaron los 38 años que había de diferencia entre una y otra, volviendo a 1383, por lo que ese 1402 se correspondía con el 1364, según la nueva forma de contar los años. Curiosamente, hubo un momento en la Historia donde por ejemplo, en Sevilla decían vivir en 1402 y en Zaragoza en 1364, pues el Reino de Aragón se sumó antes que el de Castilla a la Era Cristiana. Y para qué hablar del Reino Nazarí de Granada, que contaban los años por la Era Islámica. Espero haberlo explicado bien.
Convento de Santa Paula.- En el compás de este convento de Monjas Jerónimas desde su fundación en el siglo XV, hay una portada ojival por donde se accede a la iglesia, construida con hiladas alternadas de ladrillos bicolores y decorada con bajorrelieves y bella azulejería, obra del ceramista italiano Niculoso Pisano. Bajo la ojiva y labrado en mármol, se muestra el escudo de los Reyes Católicos acompañado por las inscripciones de su lema y símbolos.
La curiosa y significativa diferencia de este escudo de 1504 con respecto al actual, radica en que faltan las cadenas que representan el Reino de Navarra, ya que este territorio no formó parte de la Corona hasta 1512; pero en cambio sí figura el Reino de Sicilia, que entonces pertenecía a la Corona de Aragón.
Azulejos cevantinos.- Por una reciente visita al convento de Santa Paula ya comentado, he considerado oportuno citar el azulejo situado en una mansión situada frente al mismo, donde puede leerse que allí moraron Isabela y sus padres, personajes de una de las Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes: "La española inglesa". En realidad estos azulejos, a la vista de cualquier paseante, son muy abundantes en la ciudad y están repartidos por los distintos edificios y lugares céntricos que Cervantes mencionó y utilizó como escenarios en buena parte de su obra literaria.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Endoscopia
Es esta una entrada imprevista, extraña a la trayectoria de este blog, pero que considero oportuna incluir, por si mi caso sirve de experiencia y remedio a otras personas que puedan sufrir la misma dolencia. Se trata de un reciente quebranto personal de salud poco habitual, al menos yo no conocía ningún antecedente, que paso a relatar a continuación.
Al mediodia del pasado viernes día tres, me deleitaba yo comiendo un exquisito puchero, que llamamos en Sevilla a una combinación de sopa de fideos con algunos garbanzos como primer plato, y un segundo con la popular pringá. En ese caso, ésta última estaba compuesta por carne de ternera y de pollo, tocino y jamón. La estaba ingiriendo cuando noté unas repentinas molestias al beber y unas náuseas que me precipitaron a vomitar.
Desde ese preciso momento comenzó mi suplicio y la preocupación de mi mujer, que persistió hasta el martes día siete, cuando recurrimos al Servicio de Urgencias del Hospital Virgen del Rocío. En todo ese tiempo no pude ingerir ningún tipo de alimento, incluso el agua era vomitada. Al final solo toleraba unas pequeñas dosis de agua con limón y bicarbonato, pero siempre sufriendo un dolor en el esófago que se extendía hacia el lado izquierdo. La visitas previas al médico de urgencias del centro médico que me corresponde o al titular de familia, no sirvieron de nada. Durante esos días sufrí el martirio del hambre, la sed y el dolor.
Desde que nos personamos en el Virgen del Rocio fuimos tratados con amabilidad y eficiencia por parte de su plantilla, desde la persona que nos atendió en Admisión hasta los médicos protagonistas de mi cura. Cuando me atendió el especialista en aparato digestivo y respondí a sus preguntas, ya intuyó de qué se trataba. Me dijo que había corrido un serio peligro e inmediatamente solicitó una analítica de sangre, que me pusieran una vía intravenosa y me hicieran una radiografía de la parte superior del cuerpo. Recibidos los resultados dictaminó que me hicieran una endoscopia.
Conocido el informe, en la sala de endoscopias me recibieron amablemente y con humor: ¡Vaya con el jamón! y seguidamente me tumbaron de lado en una camilla y una enfermera me anestesió la garganta con un aerosol. Bueno, me dijo que sabía mal, pero que no me iba a dormir, solo quedaría un poco "atontolinao", a lo que respondí que ese era mi estado habitual, por lo que riendo me contestó que entonces sería necesario aplicar una dosis mayor.
Se personó un cirujano antes de que me introdujeran la sonda por la boca para dirigir la operación, quien de nuevo me consultó los detalles y desde cuando estaba así. Cuando le dije que desde el pasado viernes, porque apuré al máximo para darle a urgencias su sentido, me respondió que ¡eso era una urgencia! y que corrí el riesgo de una perforación de esófago y hubiera entrado en estado crítico. Triste recuerdo y experiencia, ya que mi nietecita Victoria falleció en el 2011 a los ¡20 meses! por fisuras en el esófago en una prueba quirúrgica
¡Que adelantos! Comenzó el sondeo y yo veía en pantalla la exploración interna y cómo un bolo alimenticio me obstruía el estómago, tuvieron que extraerlo por la boca en tres molestas y seguidas sesiones. En la última, si una enfermera no me coge las manos me saco el aparato de la boca. Nada más terminar me dijeron ¡ya puedes hacer vida normal!. Me sentí renacer. Supongo que si a quienes continuan dormidos tras una operación trasladan siempre a la llamada sala de despertar, a mí que solo estaba "atontolinao", me llevarían a la de "desentontolinar". Pasó por allí el cirujano y me salió de dentro decirle: ¡Son ustedes unos artistas!.
Enseguida entró mi mujer y fue emocinante, pues después de varios días de sufrimiento con esos síntomas toda la familia pensaba en un caso de gravedad y al final todo quedó en una larga pesadilla. La parte positiva es que perdí casi cuatro kilos por la forzada dieta y que me vi en pantalla el esófago, el estómago y hasta el duodeno, órganos todos que no precisan reparación. De negativo tiene que ahora como bajo vigilancia intensiva, cada vez que pruebo bocado, mi mujer salta con un: ¡Mastica!. Sí, ya tengo cuidado, porque no apreciamos el martirio que significa no poder beber ni un vaso de agua a gusto, que fue lo primero que hice cuando tuve ocasión.
En la página WEB de Virgen del Rocio hice constar nuestro agradecimiento, porque entiendo que lo mismo que se denuncian (y debe hacerse) los casos de incompetencias médicas, también es justo elogiar la profesionalidad, como ha sido el caso de mi estancia e intervención allí.
miércoles, 1 de mayo de 2013
Monasterio de Sto. Domingo de Silos, 2
Una vez en el pueblo nos entretuvimos con alguna compra o paseo hasta la hora de comer, que ese día haríamos en un restaurante. Era debido a que por alguna causa excepcional, también la comunidad de monjes tenía una comida de confraternidad en el exterior. Aprovechando que eramos muy pocos hospedados en esa fecha, nos lo había pedido previamente el hermano Moisés, quien nos indicó que quedaría abierta la puerta pequeña de la hospedería, a fin de que tuvieramos libertad de entrar y salir durante su ausencia.
Después de comer, mi amigo y yo entramos en el monasterio, pero antes de subir a nuestras celdas pensamos permanecer un rato en la zona porticada, pues sabíamos que las circunstancias de contemplar ese claustro románico de doble planta en su soledad y silencio, con su esbelto ciprés que llaman el Dedo de Dios, nevado y nevando, serían irrepetibles para nosotros (al menos para mí lo han sido y ya han pasado ¡17 años!). Recuerdo que comentabamos que la experiencia resultaba sobrecogedora, por la profunda sensación de paz interior que recibiamos, no exenta de cierta angustia.
Yo acudía con frecuencia a los oficios religiosos por el simple gozo de escuchar en directo el Canto Gregoriano. Como el templo donde se entona el mismo estaba en el lado opuesto de la zona de hospedaje, una noche avanzaba yo en solitario por un amplio pasillo interior con idea de asistir a Completas, el último ritual de la jornada, que tiene lugar desde las 21,30 a las 22 horas, oficio que me gustaba especialmente por su intimidad, ya que solo estaban presentes los monjes y algún residente. En el trayecto comprobé que las luces se iban apagando a mi espalda y a la vez se encendían a medida que avanzaba. Como contraste a las horas diurnas durante las que puedo llegar a ser incluso atrevido, como en el recorrido por el Desfiladero de La Yecla que contaba en el capítulo anterior, la combinación de la oscuridad, soledad y silencio, me hacen sentir un miedo irrefrenable, para qué negarlo. En esa situación dudaba entre seguir o regresar a la celda, pero como la distancia ya era más o menos la misma, decidí continuar. El momento crítico fue cuando aparecí en el solitario claustro, que estaba nevado e iluminado con una luz tenue. Lo crucé corriendo sin volver la vista a ningún lado y llegué por fin a la iglesia. ¡Qué alegría sentí al encontrarme en la compañía de los monjes! Hasta ese canto un tanto lúgubre y más a esas horas, me resultaba tan alegre como unas sevillanas. Ya esperé para regresar en silencio con ellos, pues algunos tenían sus celdas próximas a las nuestras.
Quizá porque el deleite de escuchar de nuevo ese canto fuera superior al miedo que sentía al tener que cruzar otra vez el recinto en solitario después de la cena, o porque fuera acompañado, que es lo más posible aunque no lo recuerde, lo cierto es que a la noche siguiente repetí la experiencia. Tampoco me explico por qué llegué o llegamos tarde, cuando ya los monjes venían de recogida por los porticados del claustro, desfilando en silencio, con la capucha echada, la cabeza baja y los brazos cruzados dentro del oscuro hábito para protegerse del intenso frío. Escena imponente que me recordó de inmediato la película "El nombre de la rosa".
Cuando terminaron aquellos días de temporal, dejó de nevar y las carreteras se hicieron más seguras para el tráfico, mi amigo y yo nos despedimos de algún compañero de alojamiento, del amable monje que nos servía la comida y con un mutuo y afectuoso abrazo del bondadoso hermano Moisés, quién nos despidió en el portalón de la hospedería y la zona de cultivo. Fue entonces cuando emprendimos el camino de retorno a Sevilla, dejando atrás una vivencia inolvidable.
Desde aquella experiencia, recuerdo a veces al tan citado hermano Moisés, sobre todo porque nos dijo en una ocasión que él era ¡FELIZ! (además lo parecía) con la vida que había elegido, austera, disciplinada y dedicada a la oración y al trabajo (Ora et Labora, el lema de su orden). Afortunado él, que de alguna forma, había alcanzado la meta de todo ser humano.
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miércoles, 17 de abril de 2013
Monasterio de Sto. Domingo de Silos, 1
Por los motivos que anunciaba en un relato anterior, llegué al monasterio en febrero de 1996 pero, finalmente, no lo hice solo como había previsto; sino que me acompañaba un amigo (Paco Enrique) que acababa de superar una enfermedad crítica y había "renacido" con un acusado sentimento místico que, (no lo digo con ánimo peyorativo), lo decidió a sumarse a mi proyecto. Nos recibió el monje hospedero, el hermano Moisés, el mismo que tan amablemente atendíó mi previa llamada telefónica para la reserva de plazas. Él fue quien nos mostró las celdas, equipadas de forma sencilla pero confortables. Disponían de cuarto de baño y estaban dotadas de calefacción y de doble cristal en la ventana para combatir los crudos inviernos de la alta meseta castellana. Incluso había una especie de mesa de estudio con luz de flexo, para aquellas personas que se retiraban allí para hacer trabajos o estudios aprovechando la paz y tranquilidad del lugar. El hermano Moisés nos informó también de las normas de comportamiento que habíamos de seguir:
A.- Desde las diez de la noche, cada uno debía estar en el interior de su celda y en silencio. Norma estricta que verificaban llamando por teléfono y colgando después de recibir respuesta.
B.- Era necesaria la puntualidad a la hora de las tres comidas y si, como excepción, algún día lo hacíamos fuera, era necesario avisar con la antelación suficiente.
C.- Corría por nuestra cuenta hacernos la cama y adecentar el aposento, con los artículos y utensilios de limpieza dispuestos en una estancia próxima.
Aparte de observar estas normas, éramos libres de entrar y salir a nuestro antojo. También podíamos asistir a sus oficios religiosos, donde entonaban el Canto Gregoriano, que por aquellas fechas era muy conocido a nivel popular, precisamente por el resonante éxito de los discos grabados por esos monjes bededictinos.
Como el viaje lo hicimos en el coche de mi amigo, aprovechamos los primeros días para visitar la comarca, por ejemplo Salas de los Infantes, Covarrubias, población con interesantes monumentos, considerada la Cuna de Castilla, y las importantes ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza. Pero después, llegó un fuerte temporal de nieve que impedía o dificultaba la circulación, así que nos desplazabamos a pie por los alrededores.
Después del desayuno, en una de esas excursiones, nos llegamos andando al desfiladero del Parque Natural de la Yecla, que dista unos tres kilómetros del monasterio. Se trata de un angosto y profundo cañón con paredes rocosas, casi verticales, que en algunos tramos llegan a estrecharse casi hasta los dos metros y por cuyo fondo fluye un arroyo. Fijada a la pared más próxima a la carretera, discurre una pasarela de hierro, de unos seiscientos metros de longitud. Cuando llegamos, observé en la misma un reciente recorrido de pisadas de alguien que nos había precedido, que despertaron mi espíritu aventurero y decidí seguir adelante. Mi amigo me siguió y comenzamos a avanzar agarrandonos a la barandilla. En algunos momento la ventisca nos azotaba con intensidad, sobre todo sentiamos el frío en la cara y las manos, pues aunque bien abrigados, no íbamos equipados con guantes ni pasamontañas, pero esa sensación, paradójicamente, en lugar de hacernos retroceder, nos causaba un efecto vigorizante y nos servía de acicate para terminar el camino. Por fin salimos de allí y mientras caminabamos de regreso, a pesar del tiempo, nos sobrevolaban numerosos buitres, pues existía una importante colonia de esas aves carroñeras que alimentan en comederos próximos, donde les arrojan los animales muertos en las granjas cercanas. Antes de llegar al pueblo nos encontramos con unos hombres, quienes nos preguntaron de dónde veniamos con aquel temporal de nieve. Enterados de nuestra "hazaña", se quedaron atónitos y nos comentaron que si hubiéramos tenido algún accidente, no hubiéramos recibido socorro alguno, pues nadie iba a suponer en el pueblo a alguien recorriendo el desfiladero en un día como aquel. Cuando le dije que alguna persona lo hizo antes, me respondieron que entonces estabamos tan locos como quien nos precedió. La verdad es que, bien pensado, fue una temeridad.
Como no deseo hacer pesada la lectura y aún me queda tema por contar, lo haré en una próxima entrada, así que: Continuará..
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P.D. Las fotos son de escasa calidad porque mi amigo adquirió una camara solo para la ocasión, ya que olvidamos las nuestras en Sevilla. Por ello y por mi impericia en el manejo de la misma, me centré más en que saliera el ciprés en toda su dimensión, sacrficando la belleza de la perspectiva del claustro.
miércoles, 3 de abril de 2013
El ordenador
Creo que esta entrada debió iniciar el blog ya que las vivencias y anécdotas personales de que trata las vengo ordenando de manera cronológica y sin esta herramienta, no hubiera sido posible; pero ya que no fue así, no procede dejarla como broche de oro para darlo por finalizado, puesto que tampoco tengo prevista una fecha determinada para ello. Por tanto, cualquier momento puede ser válido para introducir este relato a modo de "cuña", entre cualquier capítulo y el siguiente. Hoy puede ser un gran día, como dice admirado Serrat en una de sus canciones.
Mi primer contacto con el mundo de los ordenadores o computadores, como también se decía entonces, se remonta nada menos que a 1967, cuando ingresé en S. A. Echevarría, empresa que ya contaba en su oficina central de Bilbao con un departamento de informática que requería una estancia de grandes dimensiones para albergar aquellos enormes aparatos. Después, cuando el 1972 me trasladé allí para trabajar, comencé una estrecha colaboración con mis compañeros de ese departamento, para mecanizar una serie de trabajos que aún se venían desarrollando manualmente. Me informaron como anécdota que, una de las primeras labores informatizadas fueron las nóminas, lo que generó un notorio descontento generalizado en los hombres, puesto que ya no les era posible su manipulación, por ejemplo en trabajos extras y así poder "requisar" algún dinero para sus gastos particulares.
El uso de ese moderno medio de trabajo ya me fue próximo y lo utilicé desde entonces, conociendo toda su evolución hasta las pantallas individuales dotadas ya con ratón como una mejora para su manejo pero, curiosamente, desde mi pronta prejubilación me negué tercamente a incorporarme a su uso doméstico, por entender que perdería con ello la libertad de mis ratos de ocio y acortaría mis horas de lectura.
Pero por una parte mi cuñada Gloria, sabedora de mi constante afán por adquirir conocimientos e influenciada por su marido (Eduardo), entendido en el mundo cibernético y por otra, mi sobrino Manolo, me insistían una y otra vez en que me incorporaba de nuevo a este medio de consulta, organizativo y de comunicación ya mucho más avanzado que el que yo conocí. Pero ni por esas, a sus razonamientos yo oponía mi contumaz negativa por las razones antes expuestas.
Pero mira por dónde se confabularon con mi mujer (Asun), para que ésta le pidiera a los "Reyes Magos" de 2012 un ordenador, ¡precisamente para mí!. Su pretensión no era otra que facilitarme las consultas surgidas de la lectura en vez de utilizar la enciclopedia y los "Reyes" le hicieron caso porque fui bueno durante el año anterior. En cambio yo, apenas inciada la desenvoltura del regalo, imaginando por el formato de qué se trataba, comencé con mi tradicional retahíla de protestas: "Yo no he pedido esto. Tendré que hacer un cursillo de aprendizaje. Perderé libertad. Lo siento, pero sería mejor cambiarlo por otra cosa..." En esto que terció mi sobrino antes citado, ofreciendose a enseñarme a domicilio, ya que es usuario de estos medios a nivel profesional y particular y además vive muy próximo a mí. Bueno, eso de tener un "profe" en casa y además gratis ("Gratis, cueste lo que cueste", como dice mi amigo Coy), terminó por convencerme. Las clases comenzaron por las tardes a partir del día siguiente. Primero comenzó con el manejo del aparato y organización de los archivos, para llegar después a la conexión con internet. La sesiones de aprendizaje fueron épicas:
"Mira... ¡pon atención!" y yo, como de costumbre con la mente en las nubes... "Eeeeh, ¡que es a ti!"... "Ah, perdona, ¿qué me decías?"... "¡En qué coño estarás pensando!"... "Observa, pulsas aquí y se enciende... Esperaaaa, no seas impaciente, que está cargando. Ahora, ves... pues pincha con la flechita en esa figurita... Arrastra, ¡cojones!, arrastra... Pincha en ese recuadrito y abre una nueva pestaña, eso... Ahora corta y pega..".. "Bueno, pero yo tengo que apuntar, que si no se me olvida"... "¡Qué nooo!, que todo es una rutina, que lo que tienes que hacer es practicar"... "Pues yo apunto"... "Pues apunta tú si quieres, ¡cabezón!"...
Así un día y otro hasta que llegó Internet: "Clicas en esa tecla y te sale el GOOGLE. ¡Ea!, ahí puedes consultar todo lo que te salga de los mismísimos. Que quieres ver imagenes, escuchar canciones... , pues pincha en YOU TUBE. Que quiere el nene ver su pueblo, pues clicas con la flechita en MAPS, ¿lo ves bellotero, lo ves?, ¿qué quieres ver la casita donde vivías de niño?, pues nada, arrastra el muñequito y vas enfocando con la ruedecita del ratón. Así nooo, ¡así, joder!"... El tono iba subiendo, hasta alcanzar tal volumen de decibelios que estoy seguro que infringiamos las leyes establecidas. Mi mujer desaparecía de escena con sigilo. Todo debido, por una parte, a lo que suele ocurrir, cuando el experto considera que el alumno debe entender a la primera lo que él cree elemental y por otra, si es precisamente el pupilo, como fue mi caso, quien piensa tercamente que el sistema debe funcionar de determinada manera y no como lo hace en realidad.
Todo lo anterior solo es anecdótico, pues el resultado final es que de escéptico, incluso reaccionario contra el ordenador "casero" me convertí en entusiasta de este medio que ahora considero sorprendente y como mágico. Incluso me he metido en la "aventura" de mantener ¡un blog propio!, algo que, como repite con frecuencia mi mujer, ella no podía imaginar... ¡ni yo tampoco!. Ahora soy un "criticao" más en la vida doméstica por el tiempo invertido delante de la pantalla, que es cierto que pasa de una forma fugaz. Pero además, para mayor satisfacción propia, he comprobado que es compatible con los ratos de ocio que yo temía perder. En todo caso, solo en ocasiones, he acortado el tiempo dedicado a la tradicional lectura nocturna. Siempre agradeceré a mi sobrino Manolo sus clases y a todos cuantos insistieron que, con esta actividad, hayan dado vida a mis años.
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