martes, 23 de julio de 2013

Costumbres alemanas y anécdotas, 2


- Basuras y materiales de desecho.- Es tal el sistema organizativo (con el que están muy mentalizados los ciudadanos), para la eliminación de los restos orgánicos y la clasificación y recogida de los materiales de reciclado, que ni llegué a enterarme bien ni tampoco pretendo entrar en detalles. Solo contaré algunos casos a modo de anécdotas.

-Recuerdo que cuando vivía con mis familiares en el piso, había varios contedores en el patio comunal destinados para determinados elementos, entre ellos los materiales plásticos, pero como en ese caso la recogida era cada quince días, para depositar, por ejemplo, el envase de una tarrina de mantequilla, ésta debía fregarse previamente para evitar malos olores.

-Existen lo que conocemos como Puntos Limpios donde llevar enseres desechados, pero los días de recogida gratis son determinados. Casualmente, como cuando hicimos el traslado del piso a la casa y hubo que desalojar el trastero no coincidía con esas fechas, el depósito controlado de los "cacharros" inutiles se realizó previo pago.

-Los contenedores para el vidrio están en las calles, pero la clasificación es por colores: Blanco, verde y marrón. ¿Se preguntarán, que hacer con una botella azul?. Son escasas, pero prometo que me ocurrió en una ocasión cuando me "tocó" llevar el reciclado. Actué con la lógica que estoy seguro harían ustedes: Depositarla en el contenedor para el vidrio verde. Pero me quedó cierto recelo: ¿Me habrán visto? ¿Me llamarán la atención?. Yo mismo me convencí que hice lo correcto, no me iba a traer la botella a España como recuerdo.


-Spermüll.- Como si de una feria gratuita y callejera se tratase, los vecinos exponen en la proximidad de sus viviendas, el mobiliario y enseres sobrantes, pero aprovechable, a disposición de cualquier interesado. En Karlsruhe, este acontecimiento tiene lugar dos veces al año. Es constante el movimiento de transeuntes y la circulación de vehículos, incluso algunos de alta gama que merodean en busca de algo para su utilidad y cuando lo localizan lo recogen y se lo llevan aunque sean de familias conocidas, sin ningún tipo de prejuicio social. Viví ese día en una ocasión en la zona de casas residencia de mis familiares y comprobé que los niños, cercanos a sus muebles, gozaban contemplando todo ese trasiego como si de una fiesta se tratara.


-Los domingos y festivos: ¡Silencio!.- Esos días está rigurosamente prohibido hacer ruidos molestos.

Ajeno a esa norma me disponía yo a cortar el césped y nada más arrancar el motor de la máquina, apareció
Uwe y lo paró de inmediato: "¡Domingo, sagrado!". Por ese mismo motivo, tampoco se permite esos días tirar los vidrios a los contenedores para el reciclado.

 También está prohibida la actividad ruidosa urbana a partir de determinadas horas de la tarde-noche. Curiosamente, era domingo cuando fui a Fráncfort con Uwe y el amigo Leonardo. Me llamó la atención que hasta el tráfico de esa populosa ciudad era escaso y como ralentizado. Tengo información posterior de que esos días no son tan sileciosos en otras zonas o ciudades alemanas que yo no conocí.

Había momentos que me sentía abrumado y pensaba: Pues tal vez sea mejor que el vecino aproveche el día festivo para hacer una chapuza en casa y te lo joda a golpe de piqueta desde la 7 de la mañana, pero luego continue la jornada con el bullicio ciudadano habitual. Comprendo que esto es exagerar un poco con ánimo de darle algo de viveza a este apartado con tanta tranquilidad, pero si es cierto que en algún rato que me sentía "aletargao" deseaba en mi interior: "¡Qué alguien de un gritooo!"
También la foto que he podido conseguir para ilustrar este apartado exagera la situación, pues muestra una ciudad desolada y no con un tráfico notoriamente reducido que es la que yo, para ajustarme más a la realidad, pretendía mostrar.


-Régimen de alquiler.- La mayoría de las familias alemanas viven de esa forma, que consideran ventajosa sobre el angustioso sistema de hipotecas, con el fin de llegar algún día a ser propietario. Me lo han explicado varias veces, pero debo ser muy obtuso, porque no termino de entenderlo.


-Cementerios.- Con frecuencia se encuentran dentro de las ciudades o pueblos. Supongo que, en muchos casos es debido a la expansión urbana. Su cuidado es continuo incluso por los familiares de los fallecidos. Lo normal es que el suelo esté cubierto de césped, arbolado y con abundantes plantas de flores. No vi los tétricos nichos acolmenados.

Me resultó curioso ese culto a la muerte por el contraste con una sociedad tan pragmática y tecnificada, pero por lo visto es otra de las tradiciones germanas.

Muy cercano al piso donde viviamos al principio de yo llegar, había uno de esos cementerios y aunque muy ajardinado, era poco amigo de acercarme solo por allí al oscurecer. Pero no debía ser el único, porque cuando llegabamos a esas horas con el coche y buscabamos espacio donde aparcarlo, era seguro encontrarlo junto a sus muros y eran escasos los transeuntes solitarios.


-Sonoridad del idioma español.-  Recuerdo un día en que visitamos a la madre de Uwe y otros familiares que vivían en un pueblecito enclavado en plena Selva Negra. Cuando por la tarde merendabamos en el patio trasero, en mi conversación pronuncié la palabra perfectamente, la señora que figura al fondo de la foto y que viste de amarillo, holandesa y amiga de la familia a quienes visitaba, la repitió y comentó en alemán, que hubieron de traducirme, porque desconozco esa lengua, que el español le sonaba muy grato al oído.

Aunque signifique salirme de los dos viajes a los que me estoy refiriendo, añadiré que en el año 2000 visité de nuevo Alemania, esta vez acompañado de mi mujer y permanecimos allí unos 20 días. Curiosamente, durante un trayecto en tranvía por la ciudad ibamos hablando entre nosotros y mi sobrina, un niño que la escuchó un momento utilizar el alemán, se dirigió a ella para preguntarle en que lengua hablabamos, cuando le respondió que en español, comentó también que le resultaba muy agradable su sonido.

Aparte de estas anécdotas, el principal motivo para mí en este apartado es precisamente exponer la foto como homenje a Frau Hedwig, la señora mayor de pelo blanco que también aparece en la misma, abuela de Uwe y que me trató con especial cariño (en realidad, así lo hicieron todas las personas que conocí). En una ocasión que estaba hospitalizada y fuimos a visitarla poco antes de mi regreso, le dijo a su nieto para que me tradujera que por qué me marchaba de Alemania, que allí me querían. Siempre la recordaré con cariño.

Es mi deseo no haberlos aburrido en exceso con estas historias que doy por concluidas, pero como comenté al principio, a mí me han servido de entretenimiento y como ejercicio para ordenar mi memoria.


P.D.- Blibiotecas urbanas. Nombro así a un tipo de armarios acristalados conteniendo libros, situados en distintos puntos de la vias públicas de la ciudad de Karlsruhe (ignoro si ocurre algo similar en otras ciudades de Alemania). De esos libros puede disponer a su antojo cualquier ciudadano y reintegralos una vez leidos. También es libre la aportación de nuevos ejemplares.

En realidad yo no llegué a conocer ese mobiliario urbano, sino que he sido recientemente informado por mi sobrina Consuelo, residente allí, quien también me ha aportado la foto. Como la puesta en práctica de esa idea me ha parecido tan positiva, he creido oportuno añadirla a estos relatos.

miércoles, 10 de julio de 2013

Costumbres alemanas y anécdotas, 1.



.Como durante dos meses y medio (entre abril y julio de 1998), fui de alguna forma un miembro más de la sociedad alemana y no un turista al uso, tuve  ocasión de observar el comportamiento y las costumbres de aquel pueblo que admiraba desde los lejanos tiempos de mi infantil lectura de historia, tal vez porque tuvimos un emperador en común, porque no hubo enfrentamientos bélicos que dejaran cicatrices, o porque se toma simpatía a algo o a alguien sin que encontremos una explicación razonable.

Pero eso sí, salvo alguna excepción, relataré los detalles que me resultaron extraños como un mero espectador, sin entrar en innecesarias comparaciones con nuestra propia idiosincrasia y mucho menos en polémicas de si sería o no conveniente importar determinadas normas de conducta aunque, de principio, puedan considerarse positivas.


-Gremios y sistema educativo.- En una ocasión, cuando pasabamos en coche por una ciudad, cuyo nombre no recuerdo, me llamó la atención ver un hombre que vestía una indumentaria elegante pero llamativa, más aún que la que muestra la foto. Por sus adornos y charreteras imaginé a algún militar de alta graduación, pero cuando pregunté sorprendido, me respondieron que se trataba de un maestro carpintero, que era el día de su gremio y que lo celebraban con diversos actos y comida de hermandad.

La organización gremial de profesiones antiguas como carpinteros, albañiles o herreros, entre otras, se mantiene desde la Edad Media. Posteriormente se incorporaron otras de oficios relativamente modernos, como los electricistas, por ejemplo. Estos maestros en oficios manuales gozan de alta consideración social.
Estos gremios actuan como sindicatos cuando es preciso. También como colegio de la profesión y como centros de enseñanza para los alumnos que han terminado los tres años de Formación Profesional y quieren continuar durante un año y medio más de clases teóricas y prácticas para obtener la titulación de Maestro del oficio elegido. Ese grado es optativo y costeado por financiación estatal. En esos casos la aportación económica se considera como un préstamo a bajo interés que la persona beneficiada, una vez incorporada al mundo laboral, ha de ir reintegrando al Estado de forma fraccionada. Precisamente esa fórmula le fue aplicada a mi familiar Uwe, quién consiguió el grado de Maestro Albañil. Esa titulación se asimila a lo que antes llamabamos en España aparejador, pero en un sentido más práctico, más de estar al "pie del cañón".
Ese sistema de ayudas oficiales es extensiva para los estudios universitarios, lo que sirve de estímulo a los jóvenes estudiantes, quienes son los primeros interesados en graduarse cuanto antes a fin de que el préstamo estatal sea de la menor cuantía posible.


-Deshollinador.- Otro personaje ataviado con vestimenta curiosa que encontré, esta vez en casa de mis familiares, fue un deshollinador (me recordó la película Mary Poppins). Como prevención de incendios es obligatoria dos veces al año la revisión y limpieza de la chimenea y demás conductos de salida de humos y gases del sistema calefactor. Por supuesto, el coste de esa labor es a cargo de los propietarios o inquilinos.

También los deshollinadores cuentan con su propia organización gremial.


-Bares y restaurantes populares.- Apenas vi alguno de estos establecimientos con barra, al menos en Karlsruhe, que son considerado como de "borrachines". Lo normal es sentarse y mostrar un poco de paciencia hasta que te sirvan en la mesa, sobre todo si pides la típica cerveza de barril tipo Pilsen (Pils), pues no la "tiran" de forma continua, sino en dos o tres veces, siguiendo como un ritual. La producción de esta bebida no está acaparada por unas pocas factorías a modo de oligopolio, sino por numerosas fábricas independientes distribuidas por todo el país, lo que da origen a varias clases y numerosas marcas, pero siempre siguiendo un proceso natural de elaboración que se enorgullecen en datar desde 1516. En verdad que la calidad, en general, es excelente. Para mí, la mejor sin lugar a dudas, es la producida en pequeñas cervecerías para el servicio directo al consumidor. Sale del tirador con un color amarillo turbio, concentrada, ¡exquisita!

Lo curioso en estos establecimientos es que si en la mesa o mesas escogidas quedan asientos libres, pueden ser ocupados por personas desconocidas, aunque  de forma previa pregunten educadamente. Te saludan y desean buen provecho si ya estás consumiendo, pero ahí termina la conversación mutua hasta el momento de la despedida. A mi me daba igual, no entendía nada.

Los camareros, o más frecuentemente camareras, usan una riñonera donde llevan dinero y de esa forma, cuando se solicita la cuenta solo tienen que ir a caja a pedir la factura y  la cobran directamente una vez aumentada con la propina voluntaria que se considere. Modernamente, en muchos casos, ya disponen de un pequeño ordenador y pueden ajustar la cuenta y cobrar de inmediato.


-Máquinas expendedoras de tabaco.- Abundan distribuidas por las calles de todas las ciudades y pueblos, de forma que el consumidor no tiene problemas para adquirir el producto a cualquier hora del día o de la noche. Últimamente las han dotado de un sistema de control para verificar que el cliente es mayor de edad.

Pregunté si eran frecuentes los robos ante tan atractivo y fácil botín para cualquier ratero. Uwe me respondió que no, pero que de darse algún caso, lo más probable es que la policia, vigilante de forma disimulada, actuase de forma contundente con el desvalijador y añadió: "El primer par de bofetones no se los quita nadie, aparte del posterior proceso judicial"
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Todas las cajetillas tienen el precio marcado, con lo que se evita la especulación. De nada sirve a alguien con ánimo de lucro acaparar existencias previas a una subida cuando tiene que vender el producto al valor fijado.


Para finalizar esta entrada, contaré una pequeña anécdota... Uno de los domingos que comiamos en el exterior de la casa y mientras Uwe, aunque alemán, preparaba una de sus paellas deliciosas, yo me ofrecí para hacer un gazpacho como complemento. Entonces no tenía la experiencia de ahora en el arte de la cocina, así que no se me ocurrió otra cosa que emplear ¡siete dientes de ajo!. Precisamente elegí a Uwe para la "cata" y nada más dar un trago lo arrojó de inmediato y con su gracia natural exclamó: "¡Explosivo!"

Bueno, pues con lo expuesto hasta aquí, doy por finalizada esta primera parte. Hasta pronto.

viernes, 28 de junio de 2013

Estancia en Alemania. (Más burocracia)


Bueno, pues una vez superados los obstáculos burocráticos en España, llegué a Karlsruhe a finales de abril de 1998. Por la urgencia que requería regularizar mi situación, al día siguiente de mi llegada me personé en las oficinas de Arbeitsamt  (equivalente alemán al INEM). Me acompañaba Matthias, un amigo de la familia con un admirable dominio del español, tanto hablado como escrito, quien, enterado de mi proyecto en su última y reciente visita a Sevilla, había reservado un día libre de trabajo para servirme de intérprete y gestor.

Todo el "papeleo" se desarrollaba con normalidad hasta que me solicitaron un Certificado de Residencia, expedido por la Policía Municipal, algo imprevisto y que me dejó angustiado, pues no era posible conseguirlo ese mismo día para dejar el asunto resuelto. El funcionario alemán, cuando me vio apesadumbrado, se apiadó de mí y respondió que, como conocía nuestro país y nos tenía aprecio, me firmaba bajo su responsabilidad. Gesto que siempre agradeceré a Herr Geiser, que así se apellidaba.

Pero aún no estaba todo resuelto, ¡no!. Era necesario disponer de una cuenta corriente, única forma de hacerme efectivos los pagos. Gestión que, en principio, nos pareció fácil. Solo era cuestión de acercarnos a alguna entidad bancaria y abrirla. Pero, ¡que va!, tanto bancos como cajas de ahorros se negaron a hacerlo en mi situación transitoria. Finalmente conseguimos que el banco donde disponía su cuenta nuestro amigo Matthias, admitiese en la misma los ingresos a mi nombre y luego éste me reintegrase el dinero. Nos llegamos de nuevo al Arbeitsamt y ¡por fin! todo quedó resuelto. Como ya estaba de buen humor le comenté al Herr Geiser que no se acordaran de mí para ofrecerme alguna labor pública o privada, porque sabía que, en determinadas ocasiones (no voy a profundizar en ello), los parados alemanes estaban obligados a aceptar. Me respondió con amabilidad que no me preocupase por eso, que en mi caso no lo harían y que tuviese una feliz estancia. ¡Muchas gracias señor!


Ultimadas las gestiones administrativas, incluido en las listas del paro, muy nutridas entonces por las secuelas de la reunificación y convertido en temporal ciudadano alemán, regresé junto a Matthias al domicilio de mi sobrina, su marido Uwe y su hijo Christian, entonces un bebé de escasos meses. Convivía con ellos armoniosamente en un piso pero, casualmente, poco después iniciamos la mudanza a una típica casa alemana en un complejo de viviendas similares. La casa estaba rodeada de extenso terreno, cubierto de césped, ajardinado y con árboles, algunos de ellos frutales (aún continúa siendo su domicilio). El interior de la vivienda estaba deteriorado porque llevaba algún tiempo deshabitada; pero entre Uwe, que es un experto profesional, y con la ayuda de su amigo Joachim, también muy habilidoso, junto con el trabajo contratado de un fontanero, la intervención de mi sobrina y mi colaboración en la medida de lo posible, conseguimos dejarla en perfecto estado de habitabilidad.

Una vez todo acondicionado viajabamos casi todos los fines de semana, para que yo conociera nuevos lugares o repetir más detenidamente donde ya había estado en 1993. Desde luego, esas rutas con personas que las conocen bien y dominan el idioma, es una autentica gozada. Especialmente por la amabilidad de Uwe y su sentido del humor. Su español, que no deja de ser fluido, resulta de lo más gracioso. Para amenizar este capítulo después de tanto relato burocrático, resumiré algunos de aquellos desplazamientos, diferentes a los ya comentados en la primera parte y en la entrada del pasado 6 de marzo.

-Friburgo.- (Freiburg).- En este solo caso viajé en tren con Matthias. Destaca su catedral gótica. Es una de las "puertas" de la Selva Negra. En el suelo, frente al Ayuntamiento, figuran los escudos de las ciudades hermanadas, entre ellos el de nuestra Granada.

-Estrasburgo.- Capital de Alsacia, en Francia, cuenta con una impresionante catedral gótica, aunque inconclusa, pues aún falta por construir una de las dos altas torres proyectadas. También visitamos la Petit France, bella zona con numerosos canales.

-Espira.- (Speyer).- A orillas del río Rin. Su catedral románica es una de las más importantes de Europa. En la plaza principal se erige una estatua en bronce de un peregrino del Camino de Santiago.

-Neustadt.-  Pequeña ciudad con un bonito trazado. Su iglesia principal es compartida respetuosamente por los fieles luteranos y católicos.

-Baden Baden.- Contrasta como ciudad de balnearios y salas de juegos, con uno de los casinos más lujosos de Europa. Allí pasaba temporadas el escritor ruso Dostoyeski, por lo visto muy aficionado a la ruleta (sería por su condición de ruso).

-Fráncfort.- (Frankfurt)  Paseamos por la zona central de esta populosa ciudad, donde se levantan numerosos rascacielos. Visitamos la casa natal de Goethe.
Me resultó curioso que, cuando me interesé por las famosas salchichas, me respondieron que no existía
ninguna clase específica de salchicha tipo Fránfort.

-Ruta de los Castillos.- Si en la entrada anterior recomendaba por su belleza paisajística el recorrido por la Selva Negra para después bordear el lago Constanza, este es otro itinerario admirable.

Viajamos por la carretera que discurre casi paralela por la margen izquierda del rio Rin. En el mismo sentido existe una vía férrea y otra carretera por la margen derecha. Por el caudaloso río navegan constantemente barcos de todo tipo. El trayecto forma un valle en cuyas laderas o a veces en la cima, se erigen numerosos castillos de bella arquitectura. Son abundante las vides en ese Estado de Renania-Palatinado, como también del que procediamos (Baden Würtenberg), región donde se producen los afamados vinos blancos del Rin, aunque en España no sean muy conocidos a nivel popular. De hecho, a mi me extrañó contemplar tanta extesión de viñedos y su perfecto orden y alambrado.


Terminamos el viaje en Coblenza (Koblenz), ciudad donde el río Mosela desemboca en el Rin, formando un pico que llaman la Esquina de Alemania, donde se levanta  una enorme estatua en bronce a Guillermo el Grande. Quedé admirado al ver atracados  varios barcos de lujo. Uwe me informó que los pricipales ríos de Europa son navegables, incluso muchos de ellos se entrelazan de forma natural o por canales, por lo que son posibles los cruceros interiores, visitando importantes ciudades y salir, por ejemplo, al Mar Negro por el Danubio, al Mediterráneo por el Ródano o al Atlántico por el Rin.


A la ida paramos a comer en un restaurante situado justo frente a los riscos de la otra orilla del río, donde se sitúa la estatua en bronce de Lorelei, la ninfa que según la leyenda o mitología germana vivía en el fondo, pero en las noches de luna entonaba bellas canciones desde ese paraje, atrayendo fatalmente a los remeros cuyas embarcaciones zozobraban entre salientes rocosos. Hubo una excepción (por amores), como corresponde a estas historias.

Como anunciaba en la entrada anterior, yo pensaba que para contar aquella experiencia solo precisaría de dos capítulos, pero compruebo que me equivoqué, que el asunto da mucho más de sí, pués considero de interés, al menos para mi propio entretenimiento, escribir sobre los detalles que más me llamaron la atención de las contumbres sociales del pueblo alemán. Es por ello que, para no extenderme en demasía en cada relato y terminar por agotar o aburrir a los lectores, además del anterior, precisaré  de éste y dos capítulos más, el doble de los previstos. Así que hasta pronto.
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martes, 18 de junio de 2013

Viaje a Alemania (Con la burocracia topé)



Corresponde ahora contar principalmete los escollos burocráticos que, por estar incluido en las listas del INEM, hube de sortear para poder viajar a la ciudad alemana de Karlsruhe en 1998. Para no hacer tediosos estos relatos los dividiré entre ésta y la siguiente entrada y además, para restar algo de aridez al asunto, he decidido ampliar algunos recuerdos de mis estancia allí con respecto a lo publicado el pasado día 6 de marzo, así como referirme a mi anterior visita de 1993.

Previo al traslado, me presenté en la oficina que me correspondía de ese organismo, para solicitar al funcionario encargado del sellado de las tarjetas de desempleo que,  en mi caso, demorara la fecha fijada para mi siguiente comparecencia, puesto que pensaba estar ausente de Sevilla una larga temporada. Como suponía, me contestó que no entraba en sus atribuciones hacer excepción alguna, pero amablemente me desvió, dentro de la misma oficina, hacia otro empleado con mayor rango laboral.

Pues bien, me entrevisté con la persona indicada quién me preguntó dónde pensaba viajar, para tratar de gestionar  el control en otra ciudad, pero cuando le dije que pretendía trasladarme a Alemania, se opuso de forma terca y me advirtió que si lo hacía y lo detectaban, perdería la prestación económica, pues yo estaba obligado a presentarme ante cualquier llamada imprevista del INEM.  En aquel momento consideré oportuno marcharme sin entrar en polémica. Pero se trataba solo de una retirada, no de una derrota.
Al día siguiente me tenía de nuevo delante de él, pero en esta ocasión documentado con una copia de Expediente de Regulación de Empleo, acordado con el Ministerio de Trabajo, del que el INEM dependía y datos para demostrar que yo estaba incluido en el mismo. Le razoné que no tenía sentido que, por una parte, estuvieramos apartados de la vida laboral con la obligatoriedad de no ocupar ningún otro puesto de trabajo y por otra, nos entregasen una ¡TARJETA DE DEMANDA DE EMPLEO!, que estabamos obligados a sellar periodicamente. Pues nada, no se avenía a razones, parecía como si envidiara que me pudiera permitir unas vacaciones de ese tipo y pensara: ¡Jódete que no te vas a Alemania!. Pero supongo que no contaba con mi obstinación.

Me dirigí directamente a la Oficina Central de ese organismo en Sevilla, para hacer la gestión oportuna ante el máximo responsable de ese negociado, que resultó ser una joven y eficiente mujer, quien consideró razonable  mi argumentación pero... tampoco ella podía alterar mi fecha de comparecencia para el sellado de la dichosa tarjeta. Eso sí, me propuso dos alternativas para poder realizar mi proyectado viaje:

Alternativa A.-  Dejar constancia que marchaba para estudiar, por ejemplo el idioma, y a la vuelta solicitar de nuevo el ingreso en el INEM. Al principio me pareció una idea aceptable, pues pensé que podía gestionar el alta en alguna academia y pedir la baja al regresar. Estaba seguro que en el INEM no me iban a examinar. Pero esto resultó tener una importante parte negativa: Que no me pagarían la parte correspondiente al desempleo durante mi tiempo de ausencia. Opción rechazada.

Alternativa B.- Como se trata de un Estado dentro de la Unión Europea, me podía hacer los trámites para trasladar mi expediente de forma temporal al organismo equivalente en Alemania (Arbeitsamt), y allí me pagarían durante mi permanecia. Se habían dado ya casos similares. Asimismo, de forma inversa.

Considerada como aceptable la opción B, recogí la documentación precisa y el 26 de abril del año citado emprendí de nuevo el camino a Alemania, país que como antes comentaba, ya había visitado en 1993 durante unos 15 días. En aquella ocasión, entre otros muchos recorridos, viajamos a lo largo de la Selva Negra. Rodeamos después el extenso lago Constanza y teniendo como telón de fondo el panorama de los Alpes, entramos en Austria (Bregenz) y Suiza (Saint Gallen). Ruta realmente recomendable a cualquier viajero.



viernes, 31 de mayo de 2013

Conocer Sevilla.


En la entrada del 6 de marzo de este año escribía sobre los talleres de "Conocer Sevilla" impartidos desde los Centros Cívicos del Ayuntamiento y a los que asistí entre 1997 y 2001. Para no aburrir a los lectores, solo voy a contar tres curiosos detalles que normalmente pasan desapercibidos para la mayoría de los visitantes, pero que nosotros tuvimos la oportunidad de conocer gracias a la amabilidad y preparación de nuestros guías, jóvenes licenciados en Historia del Arte.


Puertas acodadas.- En en siglo XII, constituida en capital del Imperio Almohade, Sevilla vivió su mayor periodo de esplendor, alcanzando su núcleo urbano la máxima extensión amurallada. Las puertas de esas murallas eran acodadas, o sea, dobles y dispuestas como sistema defensivo en ángulo recto, evitando así por ejemplo, que una hueste de caballería pudiera irrumpir en el interior de la ciudad. Pero con la llegada de la pólvora y las armas de fuego, tal diseño dejó de tener sentido, puesto que los muros podían ser derribados a distancia. Entonces el amurallado se acondicionó como baluarte para, en caso de asedio, poder responder al ataque con el mismo material de guerra.

Ya el el siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, se derribaron la antiguas puertas con la excepción de la llamada de Córboba, que aún continúa en pie, y se construyeron unas nuevas, suntuosas y funcionales para el tránsito de personas y carruajes. Pero en el siglo XIX, y a causa de los planes de ensanche de la ciudad, como supongo que sucedió en otras localidades españolas, no se les ocurrió a los munícipes de la época otra cosa que derruir la casi totalidad de las murallas, sin respetar siquiera aquellas magníficas puertas, salvo la del Postigo del Aceite y el llamado Arco de la Macarena. Tal barbaridad privó a Sevilla de un importante conjunto arquitectónico. Esas antiguas puertas solo se conocen en la actualidad por fotografías o maquetas, aunque las zonas urbanas donde se erigían conservan sus nombres originales, como por ejemplo: Puerta Real, Puerta de Jerez, Puerta de la Carne, Puerta de Carmona o Puerta Osario entre otras.


El Alcázar.- Debajo de la cornisa de la puerta de entrada al palacio de Pedro I, el Cruel (o el Justiciero, según sus partidarios), por el Patio de la Montería, hay una cartela de la época donde figuran los datos de la edificación, que se remonta al año 1402, pero tal fecha se refiere a la Era Hispánica o del César que regía entonces, pues la Corona de Castilla, a la que pertenecía el Reino de Sevilla, no se ajustó a la aún vigente Era Cristiana hasta 1421. Para hacerlo, restaron  los 38 años que había de diferencia entre una y otra, volviendo a 1383, por lo que ese 1402 se correspondía con el 1364, según la nueva forma de contar los años. Curiosamente, hubo un momento en la Historia donde por ejemplo, en Sevilla decían vivir en 1402 y en Zaragoza en 1364, pues el Reino de Aragón se sumó antes que el de Castilla a la Era Cristiana. Y para qué hablar del Reino Nazarí de Granada, que contaban los años por la Era Islámica. Espero haberlo explicado bien.

Convento de Santa Paula.- En el compás de este convento de Monjas Jerónimas desde su fundación en el siglo XV, hay una portada ojival por donde se accede a la iglesia, construida con hiladas alternadas de ladrillos bicolores y decorada con bajorrelieves y bella azulejería, obra del ceramista italiano Niculoso Pisano. Bajo la ojiva y labrado en mármol, se muestra el escudo de los Reyes Católicos acompañado por las inscripciones de su lema y símbolos.
La curiosa y significativa diferencia de este escudo de 1504 con respecto al actual, radica en que faltan las cadenas que representan el Reino de Navarra, ya que este territorio no formó parte de la Corona hasta 1512; pero en cambio sí figura el Reino de Sicilia, que entonces pertenecía a la Corona de Aragón.


Azulejos cevantinos.- Por una reciente visita al convento de Santa Paula ya comentado, he considerado oportuno citar el azulejo situado en una mansión situada frente al mismo, donde puede leerse que allí moraron Isabela y sus padres, personajes de una de las Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes: "La española inglesa". En realidad estos azulejos, a la vista de cualquier paseante, son muy abundantes en la ciudad y están repartidos por los distintos edificios y lugares céntricos que Cervantes mencionó y utilizó como escenarios en buena parte de su obra literaria.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Endoscopia



Es esta una entrada imprevista, extraña a la trayectoria de este blog, pero que considero oportuna incluir, por si mi caso sirve de experiencia y remedio a otras personas que puedan sufrir la misma dolencia. Se trata de un reciente quebranto personal de salud poco habitual, al menos yo no conocía ningún antecedente, que paso a relatar a continuación.

Al mediodia del pasado viernes día tres, me deleitaba yo comiendo un exquisito puchero, que llamamos en Sevilla a una combinación de sopa de fideos con algunos garbanzos como primer plato, y un segundo con la popular pringá.  En ese caso, ésta última estaba compuesta por carne de ternera y de pollo, tocino y jamón. La estaba ingiriendo cuando noté unas repentinas molestias al beber y unas náuseas  que me precipitaron a vomitar.

Desde ese preciso momento comenzó mi suplicio y la preocupación de mi mujer, que persistió hasta el martes día siete, cuando recurrimos al Servicio de Urgencias del Hospital Virgen del Rocío. En todo ese tiempo no pude ingerir ningún tipo de alimento, incluso el agua era vomitada. Al final solo toleraba unas pequeñas dosis de agua con limón y bicarbonato, pero siempre sufriendo un dolor en el esófago que se extendía hacia el lado izquierdo. La visitas previas al médico de urgencias del centro médico que me corresponde o al titular de familia, no sirvieron de nada. Durante esos días sufrí el martirio del hambre, la sed y el dolor.

Desde que nos personamos en el Virgen del Rocio fuimos tratados con amabilidad y eficiencia por parte de su plantilla, desde la persona que nos atendió en Admisión hasta los médicos protagonistas de mi cura. Cuando me atendió el especialista en aparato digestivo y respondí a sus preguntas, ya intuyó de qué se trataba. Me dijo que había corrido un serio peligro e inmediatamente solicitó una analítica de sangre, que me pusieran una vía intravenosa y me hicieran una radiografía de la parte superior del cuerpo. Recibidos los resultados dictaminó que me hicieran una endoscopia.

Conocido el informe, en la sala de endoscopias me recibieron amablemente y con humor: ¡Vaya con el jamón! y seguidamente me tumbaron de lado en una camilla y una enfermera me anestesió la garganta con un aerosol. Bueno, me dijo que sabía mal, pero que no me iba a dormir, solo quedaría un poco "atontolinao", a lo que respondí que ese era mi estado habitual, por lo que riendo me contestó que entonces sería necesario aplicar una dosis mayor.

Se personó un cirujano antes de que me introdujeran la sonda por la boca para dirigir la operación, quien de nuevo me consultó los detalles y desde cuando estaba así. Cuando le dije que desde el pasado viernes, porque apuré al máximo para darle a urgencias su sentido, me respondió que ¡eso era una urgencia! y que corrí el riesgo de una perforación de esófago y hubiera entrado en estado crítico. Triste recuerdo y experiencia, ya que mi nietecita Victoria falleció en el 2011 a los ¡20 meses! por fisuras en el esófago en una prueba quirúrgica

¡Que adelantos! Comenzó el sondeo y yo veía en pantalla la exploración interna y cómo un bolo alimenticio me obstruía el estómago, tuvieron que extraerlo por la boca en tres molestas y seguidas sesiones. En la última, si una enfermera no me coge las manos me saco el aparato de la boca. Nada más terminar me dijeron ¡ya puedes hacer vida normal!. Me sentí renacer. Supongo que si a quienes continuan dormidos tras una operación trasladan siempre a la llamada sala de despertar, a mí que solo estaba "atontolinao", me llevarían a la de "desentontolinar". Pasó por allí el cirujano y me salió de dentro decirle: ¡Son ustedes unos artistas!.

Enseguida entró mi mujer y fue emocinante, pues después de varios días de sufrimiento con esos síntomas toda la familia pensaba en un caso de gravedad y al final todo quedó en una larga pesadilla. La parte positiva es que perdí casi cuatro kilos por la forzada dieta y que me vi en pantalla el esófago, el estómago y hasta el duodeno, órganos todos que no precisan reparación. De negativo tiene que ahora como bajo vigilancia intensiva, cada vez que pruebo bocado, mi mujer salta con un: ¡Mastica!. Sí, ya tengo cuidado, porque no apreciamos el martirio que significa no poder beber ni un vaso de agua a gusto, que fue lo primero que hice cuando tuve ocasión.

En la página WEB de Virgen del Rocio hice constar nuestro agradecimiento, porque entiendo que lo mismo que se denuncian (y debe hacerse) los casos de incompetencias médicas, también es justo elogiar la profesionalidad, como ha sido el caso de mi estancia e intervención allí.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Monasterio de Sto. Domingo de Silos, 2



Una vez en el pueblo nos entretuvimos con alguna compra o paseo hasta la hora de comer, que ese día haríamos en un restaurante. Era debido a que por alguna causa excepcional, también  la comunidad de monjes tenía una comida de confraternidad en el exterior. Aprovechando que eramos muy pocos hospedados en esa fecha, nos lo había pedido previamente el hermano Moisés, quien nos indicó que quedaría abierta la puerta pequeña de la hospedería, a fin de que tuvieramos libertad de entrar y salir durante su ausencia.

Después de comer, mi amigo y yo entramos en el monasterio, pero antes de subir a nuestras celdas pensamos permanecer un rato en la zona porticada, pues sabíamos que las circunstancias de contemplar ese claustro románico de doble planta en su soledad y silencio, con su esbelto ciprés que llaman el Dedo de Dios, nevado y nevando, serían irrepetibles para nosotros (al menos para mí lo han sido y ya han pasado ¡17 años!). Recuerdo que comentabamos que la experiencia resultaba sobrecogedora, por la profunda sensación de paz interior que recibiamos, no exenta de cierta angustia.
  
Yo acudía con frecuencia a los oficios religiosos por el simple gozo de escuchar en directo el Canto Gregoriano. Como el templo donde se entona el mismo estaba en el lado opuesto de la zona de hospedaje, una noche avanzaba yo en solitario por un amplio pasillo interior con idea de asistir a Completas, el último ritual de la jornada, que tiene lugar desde las 21,30 a las 22 horas, oficio que me gustaba especialmente por su intimidad, ya que solo estaban presentes los monjes y algún residente. En el trayecto comprobé que las luces se iban apagando a mi espalda y a la vez se encendían a medida que avanzaba. Como contraste a las horas diurnas durante las que puedo llegar a ser incluso atrevido, como en el recorrido por el Desfiladero de La Yecla que contaba en el capítulo anterior, la combinación de la oscuridad, soledad y silencio, me hacen sentir un miedo irrefrenable, para qué negarlo. En esa situación dudaba entre seguir o regresar a la celda, pero como la distancia ya era más o menos la misma, decidí continuar. El momento crítico fue cuando aparecí en el solitario claustro, que estaba nevado e iluminado con una luz tenue. Lo crucé corriendo sin volver la vista a ningún lado y llegué por fin a la iglesia. ¡Qué alegría sentí al encontrarme en la compañía de los monjes! Hasta ese canto un tanto lúgubre y más a esas horas, me resultaba tan alegre como unas sevillanas. Ya esperé para regresar en silencio con ellos, pues algunos tenían sus celdas próximas a las nuestras.

Quizá porque el deleite de escuchar de nuevo ese canto fuera superior al miedo que sentía al tener que cruzar otra vez el recinto en solitario después de la cena, o porque fuera acompañado, que es lo más posible aunque no lo recuerde,  lo cierto es que a la noche siguiente repetí la experiencia. Tampoco me explico por qué llegué o llegamos tarde, cuando ya los monjes venían de recogida por los porticados del claustro, desfilando en silencio, con la capucha echada, la cabeza baja y los brazos cruzados dentro del oscuro hábito para protegerse del intenso frío. Escena imponente que me recordó de inmediato la película "El nombre de la rosa".

Cuando terminaron aquellos días de temporal, dejó de nevar y las carreteras se hicieron más seguras para el tráfico, mi amigo y yo nos despedimos de algún compañero de alojamiento, del amable monje que nos servía la comida y con un mutuo y afectuoso abrazo del bondadoso hermano Moisés, quién nos despidió en  el portalón de la hospedería y la zona de cultivo. Fue entonces cuando emprendimos el camino de retorno a Sevilla, dejando atrás una vivencia inolvidable.

Desde aquella experiencia, recuerdo a veces al tan citado hermano Moisés, sobre todo porque nos dijo en una ocasión que él era ¡FELIZ! (además  lo parecía) con la vida que había elegido, austera, disciplinada y dedicada a la oración y al trabajo (Ora et Labora, el lema de su orden). Afortunado él, que de alguna forma, había alcanzado la meta de todo ser humano.



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